pieles no

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Pieles NO

martes, 2 de junio de 2009

Se ha perdido un Airbus



de Air France en pleno Atlántico. Iba de Rio a Paris. Han muerto más de 200 personas. Era su hora. Triste consuelo para sus familiares y amigos.


El por qué de las marcas (continuación)


Schweppes.-El suizo Jacob Schweppe (sin s final) comenzó eb 1783 vendiendo agua mineral en Ginebra.

SONY.- El presidente de la Conpañía, Akio Morita, creó este nombre en 1946 basándose en la palabra latina "sonus", sonido, y en la canción "Sonny Boy".

TALGO.- El nombre del tren insignia de los ferrocarriles españoles tiene las iniciales de: Tren articulado ligero Goicoechea Oriol".El artífica de este milagro tecnológico fué el ingeniero Alejandro Goicoechea. Una idea arriesgada en la que creyó en empresario José Luis de Oriol.

TAMPAX.- El médico norteamericano Earle Cleveland patentó este invento en el año 1931. Cuando se decidió por una marca comercial, registró el nombre de Tampax, de "tampon-vaginal-pack".

TOYOTA.- Kichiro Toyoda crea en 1937 Toyota Motor, cambiando de D de su apellido por una T para facilitar su pronunciación.

TIMBERLAND.- El nombre de estas prestigiosas botas viene de "Timberland" (la tierra del Timber). Timber es una madera que se encuentra en los bosques de los alrededores de Newarket en New Hampshire (USA), sede de la empresa. Su símbolo es la imagen de una encina.

TRIVIAL PURSUIT.- En 1981, dos periodistas canadienses discutían acerca de quién sabía más sobre cuestiones triviales.La amistosa discusión abordaba temas de ciencia, geografía y espectáculo. Lo que surgio de esta "pequeña reunión" fué la creación del juego de los 80: El Trivial Pursuit.

lunes, 1 de junio de 2009


Cela

Camilo José Cela

CiudadSeva.com
Hogar electrónico del escritor Luis López Nieves


SU CUENTO MAS BONITO





“Chindo” es un perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos. Es rabón y tiene la piel sin lustre, corta la alzada, flácidas las orejas. “Chindo” es un perro hospiciano y sentimental, arbitrario y cariñoso, pícaro a la fuerza, errabundo y amable, como los grises gorriones de la ciudad. “Chindo” tiene el aire, entre alegre e inconsciente, de los niños pobres, de los niños que vagan sin rumbo fijo, mirando para el suelo en busca de la peseta que alguien, seguramente, habrá perdido ya.

“Chindo”, como todas las criaturas del Señor, vive de lo que cae del cielo, que a veces es un mendrugo de pan, en ocasiones una piltrafa de carne, de cuando en cuando un olvidado resto de salchichón, y siempre, gracias a Dios, una sonrisa que sólo “Chindo” ve.

“Chindo”, con la conciencia tranquila y el mirar adolescente, es perro entendido en hombres ciegos, sabio en las artes difíciles del lazarillo, compañero leal en la desgracia y en la obscuridad, en las tinieblas y en el andar sin fin, sin objeto y con resignación.

El primer amo de “Chindo”, siendo “Chindo” un cachorro, fue un coplero barbudo y sin ojos, andariego y decidor, que se llamaba Josep, y era, según decía, del caserío de Soley Avall, en San Juan de las Abadesas y a orillas de un río Ter niño todavía.

Josep, con su porte de capitán en desgracia, se pasó la vida cantando por el Ampurdán y la Cerdaña, con su voz de barítono montaraz, un romance andarín que empezaba diciendo:

Si t´agrada córrer mon,
algun dia, sense pressa,
emprèn la llarga travessa
de Ribes a Camprodon,
passant per Caralps i Núria,
per Nou Creus, per Ull de Ter
i Setcases, el primer
llogaret de la planúria.

“Chindo”, al lado de Josep, conoció el mundo de las montañas y del agua que cae rodando por las peñas abajo, rugidora como el diablo preso de las zarzas y fría como la mano de las vírgenes muertas. “Chindo”, sin apartarse de su amo mendigo y trotamundos, supo del sol y de la lluvia, aprendió el canto de las alondras y del minúsculo aguzanieves, se instruyó en las artes del verso y de la orientación, y vivió feliz durante toda su juventud.

Pero un día… Como en fábulas desgraciadas, un día Josep, que era ya muy viejo, se quedó dormido y ya no se despertó más. Fue en la Font de Sant Gil, la que está sota un capelló gentil.

“Chindo” aulló con el dolor de los perros sin amo ciego a quien guardar, y los montes le devolvieron su frío y desconsolado aullido. A la mañana siguiente, unos hombres se llevaron el cadáver de Josep encima de un burro manso y de color ceniza, y “Chindo”, a quien nadie miró, lloró su soledad en medio del campo, la historia -la eterna historia de los dos amigos Josep y “Chindo”- a sus espaldas y por delante, como en la mar abierta, un camino ancho y misterioso.

¿Cuánto tiempo vagó “Chindo”, el perro solitario, desde la Seo a Figueras, sin amo a quien servir, ni amigo a quien escuchar, ni ciego a quien pasar los puentes como un ángel? “Chindo”contaba el tránsito de las estaciones en el reloj de los árboles y se veía envejecer -¡once años ya!- sin que Dios le diese la compañía que buscaba.

Probó a vivir entre los hombres con ojos en la cara, pero pronto adivinó que los hombres con ojos en la cara miraban de través, siniestramente, y no tenían sosiego en le mirar del alma. Probó a deambular, como un perro atorrante y sin principios, por las plazuelas y por las callejas de los pueblos grandes -de los pueblos con un registrador, dos boticarios y siete carnicerías- y al paso vio que, en los pueblos grandes, cien perros se disputaban a dentelladas el desmedrado hueso de la caridad. Probó a echarse al monte, como un bandolero de los tiempos antiguos, como un José María el Tempranillo, a pie y en forma de perro, pero el monte le acuñó en su miedo, la primera noche, y lo devolvió al caserío con los sustos pegados al espinazo, como caricias que no se olvidan.

“Chindo”, con gazuza y sin consuelo, se sentó al borde del camino a esperar que la marcha del mundo lo empujase adonde quisiera, y, como estaba cansado, se quedó dormido al pie de un majuelo lleno de bolitas rojas y brillantes como si fueran de cristal.

Por un sendero pintado de color azul bajaban tres niñas ciegas con la cabeza adornada con la pálida flor del peral. Una niña se llamaba María, la otra Nuria y la otra Montserrat. Como era el verano y el sol templaba el aire de respirar, las niñas ciegas vestían trajes de seda, muy endomingados, y cantaban canciones con una vocecilla amable y de cascabel.

“Chindo”, en cuanto las vio venir, quiso despertarse, para decirles:

-Gentiles señoritas, ¿quieren que vaya con ustedes para enseñarles dónde hay un escalón, o dónde empieza el río, o dónde está la flor que adornará sus cabezas? Me llamo “Chindo”, estoy sin trabajo y, a cambio de mis artes, no pido más que un poco de conversación.

“Chindo” hubiera hablado como un poeta de la Edad Media. Pero “Chindo” sintió un frío repentino. Las tres niñas ciegas que bajaban por un sendero pintado de azul se fueron borrando tras una nube que cubría toda la tierra.

“Chindo” ya no sintió frío. Creyó volar, como un leve vilano, y oyó una voz amiga que cantaba:

Si t´agrada córrer mon,
algun dia, sense pressa…

“Chindo”, el perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos, estaba muerto al pie del majuelo de rojas y brillantes bolitas que parecían de cristal.

Alguien oyó sonar por el cielo las ingenuas trompetas de los ángeles más jóvenes.

FIN

05 Nov 2005

Del Libro del Tao, de Lao Tsé


Un buen caminante no deja huellas,
un buen orador no se equivoca ni ofende,
quien sabe calcular bien no usa el chou ce.
Quien sabe cerrar bien no se vale de cerrojos ni candados,
y sin embargo nadie puede abrir lo que él ha cerrado.
El que sabe atar bien no emplea cuerdas,
y sin embargo nadie puede desatar lo que él ha atado.
Por eso el sabio es siempre un buen salvador de hombres
y nunca los abandona,
ni rechaza cosa alguna de valor;
a esto se llama clarividencia.
El hombre bueno no considera bello
convertirse en maestro de otros
y el hombre que no es bueno
se complace en utilizar a los demás.
No estimes ser su maestro
y no quieras perderlos por utilizarlos.
A pesar de ser muy sabio,
aparece como un necio.
Este es el secreto esencial.