pieles no

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Pieles NO

domingo, 3 de abril de 2011

Gracias de todos modos


Un abogado llega tarde a un importante juicio y no encuentra estacionamiento... Levanta los ojos al cielo y dice:
-"Señor, por favor, consígueme un sitio para aparcar y te prometo que iré a Misa los domingos del resto de mi vida, dejo las malas juntas y el vicio. Y jamás en mi vida me volveré a emborrachar... ¡¡¡Y dejo de acostarme con mi secretaria, que además está casada!!!
Milagrosamente, en ese momento, aparece un sitio libre, el hombre aparca y dice:
-"No te preocupes Señor que ya encontré uno, pero gracias de todos modos"

El misterioso número 7





El siete es un número mágico. Así por lo menos lo suponemos.
Tal vez, los estudiosos esotéricos o los pitagóricos puedan declarar que todos los números son mágicos o divinos, y tengan razones para manifestarlo. Pero también a nivel popular el número siete está presente en la cotidianidad, en las fábulas, en las creencias y en los mitos populares. Sólo hace falta echar un vistazo y comprobar cómo el siete aparece en nuestras vidas.
Vivimos en una semana de siete días. Que se corresponden con los siete cuerpos celestes móviles visibles sin instrumentos desde la Tierra: Luna (lunes), Marte (martes), Mercurio (miércoles), Júpiter (jueves), Venus (viernes), Saturno (sábado) y Sol (domingo, en inglés sunday).
Dentro de la cultura religiosa, siete son los pecados capitales, siete los dones del Espíritu Santo y siete los sacramentos. Siete fueron los días que tardó Dios en crear la Tierra, contando el día de descanso. Para los musulmanes, siete son los estadios o cielos.
En el Antiguo Testamento, el faraón sueña con siete vacas gordas y hermosas que son devoradas por otras siete vacas flacas, y luego siete espigas de trigo grandes y bellas que también son devoradas por siete espigas feas y marchitas. José, el que sabía interpretar los sueños, le dice que en el reino vendrán siete años de fortuna, seguidos por siete de escasez por lo que debían hacer acopio de insumos, y así el reino pudo pasar los años malos.
En el Apocalipsis de San Juan, el siete esta en varios pasajes: siete son los sellos que son abiertos por los ángeles, siete las trompetas que abren los mismos, siete las iglesias a las que debe escribir, se nombran siete candelabros de oro, siete estrellas, son siete las plagas y siete las copas.
También está presente en la naturaleza. Son siete los colores del arco iris y siete los chakras del hombre. También siete son las notas musicales.
Aunque es en la cultura donde el siete aparece con más frecuencia. Siete son las maravillas del mundo antiguo, (y su correlato contemporáneo de las “nuevas siete maravillas”), siete son los mares, siete las artes (pintura, escultura, arquitectura, literatura, música, danza y cine), siete son los años de mala suerte que tendrá el desafortunado que rompa un espejo, siete son las vidas de un gato…
En cuanto a la literatura, siete son los enanitos que acompañan a Blancanieves. Pulgarcito tenía sus botas de siete leguas, y el ogro contra el que luchaba tenía siete hijas. Shakespeare además creía que eran siete las edades del hombre: infancia, niñez, el amante, el soldado, el adulto, la edad avanzada, la senilidad.
Buscar el número siete en la historia del mundo, o en los mitos del hombre, o en cualquier ámbito que uno desee, es, antes que nada, un entretenimiento, pero es significativo que el siete se repita constantemente. De hecho son muchas más veces que las que he podido condensar en este artículo.

Fantasmas




Los fantasmas tiene un poder de atracción casi místico para todas las culturas. Asociado a la vida después de la muerte, la posibilidad de reencarnaciones, de mundos paralelos, de limbos, o de un lugar donde las almas vagan buscando el descanso eterno es algo que nos llama poderosamente la atención. Y así, cientos de historias, reales o productos de la imaginación, pasan de generación en generación para sumirnos en el misterio de los espíritus.
Pero… ¿qué son los fantasmas?
Los occidentales tenemos a pensar que los fantasmas son manifestaciones de espíritus de muertos, cuyas almas no han podido descansar y pasar a “mejor vida”. La energía de esa persona, como si se tratara de una entidad propia, queda atada a un momento, a un lugar o a un hecho, esperando liberarse y encontrar su salvación eterna.
Pero no son éstas las únicas interpretaciones, y es que tantas culturas e identidades diferentes producen decenas de creencias, desde los que piensan que los fantasmas son imágenes que se reproducen por telepatía en personas que tienen una gran sensibilidad a quienes piensan que el hecho de ver un fantasma es, “simplemente”, un transitorio salto en el tiempo que nos permite ver otros instantes.
Derivada de la explicación de la energía que mencioné anteriormente, está la de los que piensan que las muertes que se producen bajo unos hechos muy traumáticos producen una descarga de energía tan fuerte que se produce una huella electromagnética que se queda en el lugar durante mucho tiempo.
Por todas estas explicaciones, los fantasmas se consideran como entidades terrestres, ya que permanecen atados a la Tierra, hasta que la energía negativa producida desaparece, o bien, aquellas almas que se quedan para proteger a un ser querido, hasta que éste se encuentra a salvo totalmente.
¿Quienes suelen tener más facilidad para ver fantasmas?
Algunos estudios indican que una de cada diez personas tienen la capacidad de ver a los fantasmas, aunque hay características que nos pueden hacer más propicios para este hecho. Por ejemplo, los niños suelen tener más facilidad para verlos, quizás porque tienen la mente mucho más liberada de complejos y preocupaciones; también las mujeres suelen verlos mejor que los hombres, por su mayor sensibilidad; y también, según otros estudios, cuanto más alto es el coeficiente intelectual, más difícil será que vean fantasmas. En resumen, mientras más calmados y receptivos estemos, mejor será.
¿Fantasmas buenos o malos?
Se tiende a creer que los fantasmas son malvados, pero no tiene por qué ser así. Salvo los poltergeist, por lo general, los espíritus suelen quedarse para intentar comunicar algo a los vivos, y si en alguna ocasión, su presencia puede atemorizarnos, no tiene por qué ser amenazador. De hecho, según los expertos, lo más que podemos obtener de una amenaza suya es algún arañazo o un moratón.
¿En qué lugares del mundo?
Sí, seguramente a todos se os vienen dos nombres de países a la cabeza: Irlanda y Escocia. Aunque luego cada país, o incluso cada estado del mundo tienen sus propios fantasmas o leyendas, son estos dos países los que cuentan con más historias reconocidas. Y por si os preguntáis sitios concretos, los fantasmas suelen verse en cementerios, por supuesto, museos, campos de batallas, castillos, cruces de caminos y lugares en los que se han producido crimenes.

sábado, 2 de abril de 2011




El sexo en la Edad Media





En la Edad Media el término amor no estaba demasiado bien considerado. Con él designaban a la relación que surgía fuera del matrimonio y fruto de pasiones irrefrenables. Tanto es así que prácticamente lo consideraban un trastorno emocional. Los sentimientos que existían entre los cónyuges se designaban de otra manera, como, por ejemplo, dilectio, (elección voluntario del otro) u honesta copulatio, (práctica del sexo con el casto motivo de continuar con la especie).
Por cierto, sí que opinaban que la mujer tenía que alcanzar también el orgasmo como condición sine cua non para que la concepción se produjera. De hecho, los expertos de la época opinaban que la mejor manera de lograr concebir un hijo era que los orgasmos de ambos estuvieran lo más sincronizados posibles.
Por otra parte, como ya hemos visto el sexo puramente pasional no estaba bien visto, así que para reprimirlo evitaban comer carne ya que pensaban que ésta aumentaba en el hombre la cantidad de líquido seminal y con ello la necesidad de expulsar realizando el coito de forma compulsiva. Y es que ya se sabe que una buena comida no sólo abre el apetito de nuestro estómago.
Ahora bien, el problema lo tenían realmente los solteros. ¿Sabías que si se pillaba uno de ellos manteniendo relaciones coitales con algún miembro de la servidumbre era castigado a pasar 20 días sin tomar otra cosa que no fuera agua y pan?. Menos mal que en algo sí hemos avanzado hoy en día…
El control de la sexualidad durante los mil años del Medioevo europeo marcaron usos y costumbres que, hoy, todavía colorean los tabúes acerca del sexo.
El periodo histórico llamado Edad Media, comprende una amplitud temporal de tal magnitud que es difícil enmarcar puntualmente cualquier proceso cultural como inamovible. Se designa como comienzo de este periodo la caída del Imperio Romano de Occidente (año 476 d.C) y llegaría a su fin con el descubrimiento de América en 1492, siempre tomando estas fechas por convenientes y aproximadas.
Más de mil años de historia. Difícilmente se puede, en un periodo tan amplio, hablar de un aspecto humano que no haya mutado; sin embargo, la sexualidad, durante todo el Medioevo, tuvo características muy notorias y determinadas.
Iglesia católica, musulmana o judía, realmente no es esencial el credo, sino la postura tomada ante la sexualidad. Como contraposición al desorden familiar, al salvajismo y las políticas inusuales de los bárbaros, las iglesias toman un poder inusitado en todos los órdenes de la vida social, económica y política en el Medioevo.
Autoridades episcopales y monacales rigen el orden en ciudades y campiñas, y se aseguran de que las características latinas no sucumban ante las costumbres bárbaras. De este modo, sobreviven el latín, el derecho romano y muchos otros rasgos de la cultura clásica en detrimento de los usos extranjeros.
Del mismo modo queda afectada la sexualidad, que queda encorsetada en el marco del matrimonio, siendo este rígidamente controlado en sus aspectos más íntimos por las normas eclesiásticas de cada confesión.
La Iglesia establece un orden controlable dentro de la sociedad. La existencia del matrimonio como núcleo familiar y, por ende, la familia como núcleo social, facilita en control de la sociedad toda y, con ello, el manejo de la historia y la política.
El matrimonio eclesiástico, entre hombre y mujer, indisoluble y normado, destierra las costumbres bárbaras del adulterio (que realmente no existía al no existir matrimonio, y sí lo hacían las uniones voluntarias y de hecho, fácilmente solubles), y del incesto. Visto este desde el punto de vista de cada Iglesia, puesto que lo que es incesto para iglesia católica no lo es para la iglesia judía, tomando por ejemplo el caso de una prima en primer grado, hija del hermano del padre, o el incesto político entre un hombre y su cuñada viuda, caso de nupcias obligatorias en el caso judío.
Relaciones adúlteras, homosexuales, grupales, masturbación y libertad de juego sexual fueron proscritas en este nuevo orden sexual cuya finalidad última y bendecida es la procreación. El derramamiento de semen, la imposibilidad de concebir, las tendencias homosexuales o el conocimiento carnal por placer son severamente catalogados. La infidelidad y la virginidad se convierten en dos pilares de la tradición sexual durante, ni más ni menos, mil años.
Restecto al adulterio:
Diferente baremo para varones y mujeres. Ellos se deben a sus esposas, pero la prostitución es un mal menor conocido y, generalmente, disimulado. La mujer no tiene posibilidad alguna de cometer infidelidad y salir indemne. Si fuera el caso, las pruebas contra ellas son fácilmente conseguibles. Basta que se sospeche, que dos personas den testimonio verbal y que la infeliz esposa no resista las pruebas medievales para comprobar su veracidad.
Se contempla la muerte como castigo para el adulterio, casi siempre referido a la mujer adúltera y no al hombre amancebado que, aparte de la cruz de la “fama pública” de infiel, raramente sufría más pérdidas.
La Biblia habla de lapidación, el Talmud menciona el ahorcamiento. De todos modos, estos casos extremos eran conmutados usualmente por penas más livianas como destierro, azotes y repudio (suficiente, de todos modos, para poner en peligro serio la subsistencia de una mujer sola).
Hay una excepción terrible a este perdón. Si el adulterio es extra confesional, la pena es capital. Muerte en la hoguera para judíos y cristianos atrapados en relaciones sexuales inter confesionales.
Este oscurantismo sexual pretende y elige la “postura del misionero” tradicional como la recomendada. Favorece la procreación y estimula menos el placer que otras prácticas. Se persigue la consumación del matrimonio con un único fin, la descendencia.
No es de extrañar, ya que los matrimonios, en ese momento, son planeados como alianzas políticas y económicas, asegurando linajes de comerciantes o casa reales, de la misma manera en que hoy se producen fusiones empresariales y alianzas internacionales. La mujer no tiene entidad de derecho, es un objeto y una moneda de cambio.
Su cuerpo es atesorado como recipiente de la semilla del varón, ella es la productora de la cría y de ella dependen, al final, los linajes y esperanzas.
La iglesia judía es menos restrictiva con los placeres de la sexualidad, contempla el gozo de la mujer y la forma de “débito conyugal”, aun cuando ninguno de los dos miembros de la pareja se haya sentido atraído o enamorado del otro.
Sin embargo, toda esta normativa fría, todo este reglamento, no puede contener la naturaleza humana. Si se lucha denodadamente contra el adulterio, es porque se produce. Si se norma tan duramente, es porque hay desmanes continuos y naturales. El amor, el deseo, la sensualidad, la excitación, todos estos aspectos son inherentes al ser humano. No se pueden extinguir.
Así pues, paralelamente a estas condiciones eclesiásticas, existen los placeres, las amantes, las cortesanas, las prostitutas, los amores ilícitos, el sexo oral, el sexo homosexual, la masturbación, la barraganía, el amancebamiento y toda la serie de tendencias naturales en la sexualidad.
Hay entre todas las características de esta época, una fijación con la virginidad de la mujer. Esta es la garantía de calidad para un esposo, una mujer nueva, o casi una niña, intocada, lo que asegura que la desfloración abra las puertas a una posible paternidad propia, y no ajena. La virginidad se eleva en la categoría de las virtudes, es una llave para las puertas del cielo, y debe ser preservada hasta su entrega al esposo legal.
Hay que recordar que en los matrimonios medievales, no era extraño el caso de los testigos en la noche de bodas o desfloración de la doncella, donde se daba testimonio de la consumación del matrimonio por el esposo y la pérdida de la virginidad de la novia (aún hoy quedan remanentes de estas costumbres en algunas culturas).
La virginidad es un valor, el valor determinante, en la mujer. Asegura el linaje real de un varón, conjuntamente con la fidelidad. Sin embargo, la creencia de que el cinturón de castidad es un invento del Medioevo, es errónea. Es una curiosidad posterior, de hecho no hay pruebas fehacientes de que se haya utilizado antes del S.XIX, y sería imposible de usar más de unas cuantas horas sin peligro de infecciones o laceraciones.
* En el Medioevo se consideró al miembro sexual masculino como una extensión nerviosa de la espina dorsal, de ahí el nombre cauda nervorum.
* Según la Iglesia Católica, no podía haber cópula carnal mientras la mujer estuviera indispuesta, o “durante la penitencia en sábados, miércoles, viernes o festivos”.
* El aborto era penado con la hoguera.
* Los legisladores españoles del Medioevo podían anular un matrimonio si el marido demostraba que su esposa era frígida, pero si ella contraía felices nupcias con un segundo marido, y él se declaraba complacido sexualmente, la unión se disolvía y se la casaba con el primer esposo de nuevo. Siempre y cuando no hubiera sido el tamaño del miembro sexual masculino, por exceso o defecto, la causa de la insatisfacción femenina.
* En el siglo XIV, Modeville (Cirujano Real) observó que “el clítoris venía a ser un filtro que seleccionaba los olores y los soplos que ascienden por sus conductos”, dijo esto al observar las semejanzas entre el capuchón del clítoris y la campanilla en la laringe.
* Bernardo de Gordonio cita en su obra “Lilium medicinae” que las mujeres privadas de satisfacción sexual reiterada sufren “escotoma, vértigo, dolor de cabeza, siente humo dañino que sube a las partes de arriba, tiene las manos apretadas sobre el vientre y las piernas encogidas.”
* Como cura para los pensamientos libidinosos eran comunes las sangrías en los muslos para los varones y las fumigaciones en la región genital para las mujeres.
Es claro que mil años de historia no se pueden borrar con una Revolución Sexual, muchos de los tabúes, usos y costumbres sexuales que hoy permanecen, tienen sus raices en la decisión de la Iglesia de mantener un orden establecido.
Pero cada vez la gente hace menos caso de los dictados de la Iglesia. La prohibición del uso del preservativo ha alejado a muchos creyentes. La Iglesia no ha sabido ponerse al día, y sigue considerando aberrantes prácticas sexuales normales, como la homosexualidad, que también se da en los anaimales. Y olvidándose por completo de la caridad. Lo único que ha hecho este Papa es aceptar el uso del condón para las prostitutas, pues en Africa la mitad de la población está infectada de SIDA, y los que lo propagan son sobre todo los camioneros, que recorren largas distancias y tienen relaciones con ellas.

viernes, 1 de abril de 2011

Las supersticiones-50.000 años antes de nuestra era





Napoleón temía a los gatos negros y Sócrates al mal de ojo. A Julio César le aterrorizaban los sueños. Enrique VIII aseguraba que la brujería le había inducido a casarse con Ana Bolena. Pedro el Grande experimentaba un terror patológico cuando tenía que cruzar puentes. Samuel Johnson siempre iniciaba la entrada o la salida de un edificio con el pie derecho.
Todavía hoy, las supersticiones referentes a la mala suerte impiden a muchas personas pasar por debajo de una escalera, abrir un paraguas en un interior, embarcarse o casarse en martes y trece. Por otra parte, estas mismas personas, en pos de la buena suerte, suelen cruzar los dedos o tocar madera.
Dada su índole irracional, las creencias supersticiosas debieran haber menguado con la extensión de la enseñanza y el advenimiento de la ciencia. Sin embargo, todavía hoy, cuando tanto se valoran las pruebas objetivas, pocas son las personas que, interrogadas a fondo, no admiten profesar una o dos supersticiones, o acasó más. En todos los países se venden cada día millares de billetes de diversas loterias, basados en los "números de la suerte", según sus compradores.
Tal vez todo esto tenga cierta lógica, ya que las supersticiones constituyen una parte muy antigua de la herencia humana.
Los arqueólogos identifican al hombre de Neanderthal, que merodeó por Asia occidental hace ciencuenta mil años, como el fundador de la primera creencia supersticiosa (y espiritual): El más allá. En tanto que el anterior Homo Sapiens abandonaba a sus muertos, los neanderthalenses enterraban a sus difuntos siguiendo un ritual, y sepultaban junto al cadáver alimentos, armas y carbón vegetal, que habían de ser utilizados en la existencia de ultratumba.
Que la superstición y el nacimiento de la espiritualidad vayan a la par no tiene nada de sorprendente.A lo largo de la historia, la superstición de unos ha sido a menudo la religión de otros. El emperador cristiano Constantino calificaba de superstición el paganismo, en tanto que el estadista pagano Tácito consideraba el cristianismo como una creencia perniciosa e irracional. Los protestantes juzgaban supersticiosa la veneración católica de santos y reliquias, mientras que los cristianos en su conjunto veían de forma similar las prácticas de los hindúes. A los musulmanes les parece un horror e idolatría pura y dura, la manía de los católicos de "adorar estatuas", y sobre todo de venerar a unas más que a otras, por ser "más milagrosas". Para un ateo, toda creencia religiosa es una superstición.
Hoy no parece tener justificación lógica que un hueso de pechuga de pollo simbolice la buena suerte, y que un espejo roto anuncie lo contrario. Sin embargo, en otros tiempos cada superstición tenía un origen bien determinado ,un trasfondo cultural y una explicación práctica.
Las supersticiones surgieron de modo muy directo y contundente. El hombre primitivo, al buscar explicaciones para fenómenos tales como el rayo, el trueno, los eclipses, el nacimiento y la muerte, y carente de conocimientos sobre las leyes de la Naturaleza, desarrolló una crencia en los espíritus invisibles. Observó que los animales tenían un sexto sentido que les advertía del peligro e imaginaron que los espíritus les alertaban secretamente. Por otra parte, el milagro de que un árbol creciera a partir de una semilla, o la aparición de una rana a partir de un renacuajo, señalaba una intervención ultraterrena. Con una existencia cotidiana llena de peligros y aventuras, llegó a la conclusión de que el mundo estaba poblado por unos espíritus vengativos que superaban en número a los benéficos.. Por eso es porque entre las creencias supersticiosas que hemos heredado tienen preponderancia los medios destinados a protegernos contra el mal.
Para protegerse enmedio de un mundo que parecía carecer de orden y concierto, el hombre primitivo desarrolló costumbres tales como llevar consigo una pata de conejo, decidir la suerte arrojando al aire una moneda o buscar un trébol de 4 hojas , en un intento de poner la voluntad humana sobre el caos. Y cuando fallaba un amuleto, probaba otro, y después otro. De este modo, millares de objetos ordinarios, de expresiones y encantamientos, asumieron un significado mágico.
En cierta manera, hoy hacemos lo mismo. Un estudiante escribe un trabajo con el que aspira a un premio, sirviéndose de una determinada pluma, y si recibe el galardón, esa pluma se convierte en "la pluma de la suerte".Un jugador de carreras de caballos consigue buenos resultados en un día lluvioso, y a consecuencia de ello atribuye al tiempo el éxito de sus apuestas. Convertimos lo ordinario en extraordinario. En realidad, rara es la cosa, en nuestro entorno, a la que una cultura u otra no haya adjudicado propiedades supersticionas: El muérdago, el ajo, las manzanas, las herraduras, los paraguas, el hipo, un traspiés, cruzar los dedos, el arco iris...Y esto es tan solo el comienzo.
Aunque ahora poseamos explicaciones científicas para muchos fenómenos antaño misteriosos, la vida cotidiana todavía contiene suficientes elementos imprevisibles como para que, especialmente en tiempos de infortunio, recurramos a la superstición para explicar lo inexplicable y para imponer nuestros deseos sobre las vicisitudes de la vida.
La verdad sea dicha, yo misma nunca he sido supersticiosa. Si dicen que por romper un espejo se gana uno 7 años de mala suerte, con la cantidad de espejos que me he cargado, tendría que vivir más que Matusalén para poder cumplirlos todos. Siempre, al llegar de la calle en un día lluvioso, he abierto el paraguas en mi habitación para que se secase, y si no paso debajo de las escaleras, es porque a veces parece que se te van a caer encima, no porque piense que rompo el mágico triangulo de la Trinidad, y cosas por el estilo. Yo me casé en martes y me ha ido muy bien. Como que cuando voy de viaje me gusta comprar amuletos por lo bonitos que son, tengo una buena colección y muchas veces la gente me dice cosas como:"¡Oh, llevando este amuleto estás muy protegida!", y gilipolleces por el estilo. Yo siempre les digo que los llevo porque son bonitos,como adorno, pero que no me creo que me vayan a servir de nada, pero no me creen. La gente que es supersticiosa me saca de quicio, pues me parece cateta y medio tarada. Recuerdo que fuí a casa de una señora, y en el recibidor, encima de una mesita, tenía un enorme elefante con la trompa hacia arriba. Yo me quedé atónita cuando me dijo -y al principio pensé que bromeaba, pero no-:
-"¡Qué fastidio, con lo caro que me ha costado el elefante, y hace tres meses que está ahí, y no he recibido ningún dinero extra!"
Porque los elefantes con la trompa hacia arriba, como casi todo el mundo sabe, atraen al dinero... Y la planta del dinero, llamada así porque tiene las hojas redonditas como monedas, también se dice que atrae a la fortuna, y la gente va y se lo cree.
Lo que más rabia me da, es que haya tanto beato que crea que un Cristo, por ser ÉSE, es más milagroso que otro que no tiene ninguna fama. O que la Virgen TAL, concede todo lo que se le pide, pero una estatua de una Virgen anónima no sirve para nada. Esto me parece idolatría sin más, pues el rezar a las estatuas me parece aberrante, sean famosas o no. Antes de convertirme al Islam, ya lo creía así. Yo siempre rezaba a Dios, al Jefe, y nunca a Santa Rita de Casia (patrona de los imposibles) o a San José de Cupertino, por poner dos ejemplos.Cuando iba a misa con mi abuela, siendo niña, me parecía ridícula la costumbre de las beatas de acariciar los pies del Cristo de tamaño natural que había en la iglesia a la que íbamos, y los pies estaban brillantes y negros de tanto sobeo. Además,eso de adorar a una persona en un instrumento de tortura me horrorizaba. Mi hermana-amiga Leila dice que yo ya iba para musulmana, pero la verdad es que las costumbres católicas de usar escapularios, agua bendita, adorar estatuas y rezar a los santos me producían bastante repelús, y hasta tenía pesadillas después de ver de cerca aquellos cristos llagados y sangrantes. No me parece la mejor manera de educar a una niña.
Con todo esto no pretendo ofender a nadie, solamente explicar las cosas desde mi óptica.
En Palma tienen mucha devoción a un Cristo llamado de la Sangre, que es una talla renegrida y muy antigua, con un faldón bordado en oro. La gente le tiene devoción a ése, precisamente, porque "es muy milagroso", en cambio, los otros, repartidos en las numerosas iglesias de la isla de Mallorca, por lo visto sirven para poco, pues nadie les hace mucho caso. Hace unos años, a un chiflado le dió por emprenderla a bastonazos con la talla de dicho Cristo, rompiéndole las piernas. Lo restauraron, pero el hombre, fiel devoto de la estatua, dijo que nunca más volvería a rezarle ni pedirle favor alguno, pues ya había dejado de ser milagroso.(¡!). Desde luego, la estupidez humana no tiene límites.

Las rubias




El dicho popular asegura que los caballeros las prefieren rubias, pero esto parece tener su origen ya en la era de las cavernas. Según científicos de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, y la de Lancashire Central, en el noroeste de Inglaterra, que han realizado ciertos trabajos de investigación, habría razones evolutivas para sustentar el dicho popular.
La teoría dice que el cabello rubio y los ojos claros aparecieron a finales de la edad de hielo. Las duras y adversas condiciones climáticas de esa época en el norte de Europa causaron una gran escasez de alimentos, lo que obligó a los hombres a embarcarse en cacerías de grandes y peligrosos animales que provocaban un gran número de muertes. Como resultado, se provocó un crecimiento desproporcionado de la cantidad de mujeres en esas sociedades, lo que generó, según el antropólogo Peter Frost, director de la investigación, “una fuerte presión en la selección sexual.
Un posible resultado de ello fue la aparición de colores poco habituales en los cabellos. El profesor John Manning sostuvo que éste es el motivo más probable por el cual “los colores del cabello y de los ojos tienden a ser uniformes en otras partes del mundo, mientras que en Europa hay una mayor cantidad de variaciones”.
Esta tesis también es apoyada por otra investigación sobre los genes noreuropeos realizada por científicos japoneses. Estos afirman que la mutación genética que llevó al surgimiento del cabello rubio en el norte de Europa se produjo hace aproximadamente 11.000 años.
Sin embargo, ahora corren peligro de extinción, pues un estudio de la Organización Mundial de la Salud señala que en el futuro ya no habrá más rubias naturales ya que el conjunto de genes disponibles para ello se reduce cada vez más. Se calcula que éstas desaparecerán en unos 200 años, por lo tanto, señores amantes de las rubias, aprovechen estos dos siglos de cabelleras doradas porque las morenas retomarán el poder.