Es la primera vez que los bárbaros ganaban en batalla frontal a varias legiones romanas, cosa que nunca había sucedido antes y que dejó a los romanos, que se creían invencibles, en estado de estupefacción.
Es la primera vez que los bárbaros ganaban en batalla frontal a varias legiones romanas, cosa que nunca había sucedido antes y que dejó a los romanos, que se creían invencibles, en estado de estupefacción.
Durante el reinado del niño rey no sucedió nada reseñable.
Cuando ascendió al trono a la edad de nueve años, el país seguía sumido en el caos que desató la decisión tomada por su difunto padre, Akenatón, de sustituir la religión politeísta de Egipto por una monoteísta. Según se cuenta, un consejero real llamado Ay manejó al joven rey cual marioneta, concretamente en lo que atañía a su orden de revertir la política de Akenatón y reinstaurar los queridos dioses antiguos y sus templos.
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El célebre filósofo Zenón de Cízio, que vivió en Grecia en el siglo III a, de J.C., instaló su escuela bajo los pórticos de Atenas. Zenón además de otras muchas bellas cosas, enseñaba que cada uno de nosotros está sujeto a un propio destino, fatal e insalvable, contra el que es completa mente inútil luchar.
- ¡Ah! ¿Sí? - pensó entonces uno de aquellos discípulos - De modo que es inútil resistir a las tentaciones. Pues cederé a la tentación de robar a Zenón.
Así lo hizo, y el maestro, reprendiéndole, le preguntó:
- ¿Por qué me has robado?
- No es culpa mía, maestro - replicó el ladrón, sino de mi destino, que ordenó que yo robase.
- Eso es cierto - repuso Zenón-; pero, ¿no sabes que tras el destino de robar hay otro destino?
- ¿Qué destino es ése?
- El de ser apaleado.
Y dicho esto, hizo que le diesen un saco y una cesta y que saliese de los pórticos.
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En su propia escuela, bajo los pórticos de Atenas, Zenón exigía absoluto silencio de sus discípulos, y razonaba la exigencia en estos términos:
- Puesto que tenemos dos oídos y una sola boca, debemos, por lo menos, escuchar doble de lo que hablamos.
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| Zenón de Citio |