pieles no

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Pieles NO

viernes, 29 de abril de 2011

Santa Claus malévolo
















QUERIDO SANTA:
Me gustaria una patineta y una bici.
He sido muy bueno y no he hecho travesuras.
Te quiero mucho.
Carlitos

Querido Carlos:
En primer lugar, como es que me quieres si ni siquiera me conoces?.....
Por otro lado, sé que no has hecho travesuras porque has estado en una cama todo el año.
Por último, como se te ocurre pedirme una patineta y una bici??????
Además de paralitico eres menso o qué?????
Santa

Kerido Santa:
Me gustara un gujete del espazio pala navidad.
e zido muy buennino este año.
Tu amijo Marco

Querido Marco:
Buena ortografia ehhhhh...!! Indio de mierda!
Definitivamente tendrás una brillantes carrera... COMO JARDINERO!!!
Que te parece si mejor te mando un libro de ortografia?
y por cierto le voy a mandar el juguete del espacio a tu hermano, por lo menos él si sabe escribir!
Santa

Querido Santa.
Llevo tres años pidiendote un camion de bomberos.
Por favor, este año traeme un camion de bomberos.
Gracias, Luis.

Querido Luis,
Me molestan los rogones, pero en fin, discúlpame por favor.
Cuando estés dormido voy a incendiar tu casa.
Asi podrás tener en tu hogar todos los camiones de bomberos que quieras.
Santa

Querido Santa:
No se si puedas, pero este año me gustaría que juntaras a mis papás otra vez, la verdad a veces extraño mucho a papi.
Con amor, Juan

Querido Juan:
Y que quieres?, que arruine la relación entre tu papá y su secretaria?
Si se está divirtiendo como nunca con una mujer de verdad.
Mejor te regalo unos Legos.
Santa

Querido Santa
Quiero una bici, un nintendo, un tren, unos muñecos, un perro, un pony y una guitarra eléctrica.
Con amor, Tiburcio

Querido "T I B U R C I O" :
Algo mas que se te ofreszca, cabrón!!???
Que infeliz le pone a su hijo Tiburcio?
No te quiere nadie en tu casa verdad???????
Santa

Querido Santa:
Te deje unas galletas con leche abajo del arbol y
unas zanahorias para tus renos.
Con amor, Susana

Querida Susana:
La leche me da diarrea y las zanahorias hacen que los renos se pedorreen en mi cara...
Si en realidad quieres andar de lameculos, mejor regalame una botella de Chivas Regal, un churro de mota y convence a tu mami que se ponga la tanga que usa con el lechero...
Santa

Querido Santa
De verdad nos ves en la noche cuando dormimos, como dice la cancion?
Jessica

Querida Jessica,
En serio eres así de ingenua?
Suerte en la vida ehhhhhhhhhh!!!!
Este año me voy a saltar tu casa por pendeja.
Santa

Querido Santa,
Porfas, porfas, porfas, porfas. Este año quiero un perrito.
Me lo traes? PORFAS, PORFAS, PORFAS!
Paquito

Paquito:
Esos jodidos berrinchitos con tanta intensidad a lo mejor funcionan con tus padres, porque sabes qué?, eres adoptado y te toleran todo, pero aquí esa payasada no la toleramos!
Te voy a mandar una pijama otra vez.
Santa

Querido Santa
He sido una muy buena niña todo el año.
Lo único que te pido es paz y amor para todo el mundo.
Con amor, Sara

Querida Sara:
Tus papás fuman marihuana, verdad?
Santa

jueves, 28 de abril de 2011

Furia nupcial




Las calles de Londres están hoy adornadas con grandes banderas británicas para celebrar con patriotismo la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton, mientras cientos de personas acampan ya en el recorrido que harán los recién casados.
Tiendas de lujo, "pubs", estancos, grandes almacenes y las principales avenidas de Londres se han vestido de azul, rojo y blanco, los colores de la bandera británica, para celebrar por todo lo alto el enlace de este viernes en la Abadía de Westminster, en Londres, del hijo del príncipe Carlos y Diana de Gales.
Fotos de la pareja, cojines, cuadros y hasta sillones con los colores de la enseña nacional adornan los escaparates de las tiendas, mientras turistas y británicos aprovechan el gran ambiente festivo para tomarle fotos a la capital británica.
En medio de una gran expectación y de una enorme atención de medios nacionales y extranjeros, cientos de personas han empezado a instalarse a lo largo del recorrido que harán Guillermo y Kate cuando salgan de la abadía rumbo al palacio de Buckingham para saludar a la multitud allí congregada.
Tiendas de campaña, mantas e infusiones bien calientes ayudan a pasar el frío nocturno a los que han empezado a acampar.
Entre los primeros en ocupar un lugar frente a la abadía está Barbara Gould, una británica de 65 años de Southampton (sur de Inglaterra), que no quiere perderse el gran evento del año porque -según dijo a Efe- la pareja traerá "muchas cosas buenas" y la boda es una forma de "animar al país en medio de tanto desempleo".
Para Tracy y Adam, jóvenes de 20 años oriundos de Oxford y estudiantes de diseño gráfico, la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton es la culminación de una "historia de amor muy romántica" y "algo bueno para el futuro del país".
El jubilado Terry Hutt, de Cambridge, afirmó a Efe que está desde el martes instalado frente a la Abadía de Westminster y cree que el próximo rey de Inglaterra debe ser Guillermo, y no el príncipe Carlos, porque la monarquía necesita "sangre nueva".
"Felicidades al príncipe Guillermo y a Catherine, hip, hip, hurray", es el cartel que se ha montado Hutt.
Otro de los carteles colgados en las vallas colocadas por la Policía para que la gente no llegue hasta la comitiva real dice: "Hola, estoy loca, soy canadiense" o "No tengo tienda de campaña, hace frío por la noche, pero sí, vale la pena".
Además de carteles, hay globos y la mayoría de la gente lleva sombreros con los colores de la insignia nacional.
Otra mujer que lleva varios días frente al templo ha colgado un cartel con un gran corazón y que reza: "Tendría que haber sido yo", mientras otras chicas se han puesto tiaras de plástico en el pelo y hasta hay un globo en forma de una botella de champán.
El primero en llegar hasta la abadía ha sido John Loughrey, un británico vestido con un traje de la bandera del país y un gorro haciendo juego, que ha confesado ser un gran admirador de Diana.
"Siempre he sido leal a la familia real. Creo que es buena para el Reino Unido y para el turismo. La hemos tenido durante más de mil años y hace una gran contribución al país", dijo.
En su opinión, Guillermo y Kate estarán juntos "para siempre", pues "se han tomado su tiempo para casarse, a diferencia de la fallecida princesa (Diana), pues se casó muy joven (20 años)".
Para Ruth, una británica de Surrey, el príncipe Guillermo y Kate "serán buenos" para el futuro del país y opina que el príncipe Carlos debería dejar la línea sucesoria a su hijo mayor.
"Diana inspiró en Guillermo otra tipo de monarquía, más cercana a la gente", dijo Ruth. EFE

martes, 26 de abril de 2011

El hombre más alto del mundo


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Esta semana Sultan Kosen se ha convertido, oficialmente, en el hombre más alto del mundo con sus 2,47 metros y 26 años a sus espaldas. Sin embargo, para este turco de nacimiento su récord no le ha reportado más que inconvenientes y desgracias en su corta vida, obivamente ligadas a su descomunal tamaño. Y es que este nuevo recordman no sólo ha entrado en el Guinness por ser el hombre más alto del mundo, sino también por poseer las manos y pies más grandes.
Lejos de lo que pueda pensarse no es baloncestista, no, y eso que bien que lo intentaron los cazatalentos que suelen andar por el mundo a la búsqueda de nuevos talentos que den renombre a sus equipos. Sultan Kosen, con sus 2,47 metros sólo tiene que levantar el brazo para tocar el aro sin problema alguno.
Fue en el año 2003 cuando el cazatalentos del Galatasaray turco, Cavit Altunay, oyó de un joven de 20 años que vivía en una pequeña aldea de Turquía, Kiziltepe, y que medía por aquel entonces 2,42 metros (era el tercer hombre más alto del mundo en 2003). Poco tardó en dirigirse al lugar y convencer a sus padres de que conseguiría hacer del muchacho una figura mundial reconocida internacionalmente. Quizás para el propio entrenador era su ocasión de hacerse también él conocido como el descubridor de una nueva “perla”.
Pero Sultan Kosen no sólo tenía que luchar con su total desconocimiento de las reglas del basket, al que jamás había jugado, sino con su propio físico. Su crecimiento era descontrolado, y difícilmente podía caminar erguido.
Le hicieron reconocimientos médicos, pruebas de todas clases, y los médicos del equipo dictaminaron que podrían recuperarlo para que jugara y convertirlo así en el orgullo de la selección nacional turca. La ambición, probablemente, les pudo. Poco les duró la alegría, pues con el paso de los meses y el continuo crecimiento del chaval se dieron cuenta de que físicamente, la tarea era imposible.
Sultan Kosen tuvo que abandonar el baloncesto antes siquiera de haber aprendido cómo se jugaba.
Hoy, seis años después, y con 5 centímetros más de altura, Sultan Kose ha de caminar continuamente con muletas y su regresión es cada vez peor.

lunes, 25 de abril de 2011






Niños robados



Durante décadas miles de bebés en España fueron sustraídos o separados irregularmente de sus padres.

"¡Con el dinero que me has costado! ¡Podría haber comprado una piara de cerdos!". Liberia Hernández escuchó durante muchos años este reproche de su madre adoptiva. "Con el tiempo, cuando le pregunté por qué me habían adoptado para tratarme tan mal, me confesó que le habían pedido a su sobrina, sor María Soler, que les buscara a alguien para que les cuidara el día de mañana, cuando fueran mayores. Y ese alguien fui yo".

"Olvídate de ella. Donde está y con quien está, está mucho mejor", le dijeron las monjas a su madre biológica

"Me dijo que ya no me llamaría Liberia. Sor María me golpeó en la cabeza hasta que aprendí mi nuevo nombre"

Liberia nunca sintió a aquella pareja de Alcoi (Alicante) como sus padres y ellos nunca la trataron como una hija. "Este es el contrato de compraventa", cuenta con sorna, mientras muestra el documento de su adopción. Lo firman Juan Rabira Méndez y Bernardo Acuña Dorta. Este último, condecorado por el régimen franquista por haberse sumado al golpe militar el mismo 18 de julio de 1936, era el administrador de la casa cuna de Tenerife, donde fue recogida y trasladada a Alicante cuando tenía ocho años. La que no aparece por ningún sitio es la firma de su madre biológica, que jamás autorizó la adopción y que durante meses acudió a la casa cuna preguntando por el paradero de su hija, hasta que le dijeron que estaba "con alguien mejor" y le prohibieron volver a entrar en el centro regentado por la Hermanas de la Caridad.
La madre biológica de Liberia se había visto obligada a ingresarla en la casa cuna. Se había quedado viuda durante el embarazo, y para sacar a sus siete hijos adelante se casó cuando pudo con otro hombre de Arafo (Tenerife) que le dijo que no quería bebés que no fueran suyos en la casa. "Creemos que a mi padre lo mataron por orden del cacique del pueblo por un asunto de tierras. Lo tiraron por un barranco cuando mi madre estaba embarazada de mí. Ella volvió a casarse enseguida, con un hombre al que no quería, Camilo, para sacarnos adelante. Pero él dijo que no quería bebés. Así que mi madre me llevó a la casa cuna de Santa Cruz de Tenerife para que me cuidaran hasta que creciera un poco. Iba a verme todos los días. Ella me decía: 'Ya queda poco, pronto te reunirás con tus hermanos'. Jamás pensó abandonarme", relata Liberia, que hoy tiene 56 años. Tuvo que esperar casi tres décadas para volver a verla. Un anuncio en una revista del corazón permitió el reencuentro de ambas.
En la casa cuna, Liberia padeció una pesadilla interminable. "Vivíamos aterrorizadas por las monjas. Había niñas que se golpeaban contra la pared igual que hacen los enfermos mentales. Te castigaban por cualquier cosa. Si te hacías pis en la cama, las monjas te ponían las bragas en la cabeza y te hacían pasear con un cartelito que decía: 'Se ha orinado en la cama. Meona', por delante del resto de niñas, que se reían de ti. Para castigarnos, otras veces nos arrastraban adonde tenían a las gallinas y los conejos, recogían excrementos y nos los pegaban a la boca con esparadrapo. Sor Milagros siempre llevaba colgando de una parte del cinturón el rosario y de la otra las tijeras con las que cortaba el esparadrapo. Te dejaban así hasta que se acordaban de ti y te decían que podías a ir a lavarte...".
De vez en cuando, recuerda, la vestían de punta en blanco. "Entonces sabías que ese día había exposición. Nos llevaban al despacho de sor Juana a cuatro o seis niñas y nos ponían en fila. Venían matrimonios y nos miraban los dientes, el pelo, te levantaban la falda para ver si tenías las piernas torcidas... Era como si compraran caballos. Recuerdo perfectamente el olor de los cigarrillos de ellos, y lo bien vestidas que iban ellas. A los pocos días siempre desaparecía alguna de la fila, generalmente la niña más pequeña".
A Liberia nunca la escogieron. Acabó a los ocho años en una casa de Alcoi por intermediación de una monja, sor María Soler, que quiso complacer a sus tíos y pidió una niña a las monjas de su congregación. "Entonces ella trabajaba en un psiquiátrico de Tenerife. Me llevaron allí y ella me dijo que ya no me llamaría Liberia Hernández Rodríguez sino María Nácher Guerola. Yo decía que no me llamaba así... Me dio golpes en la cabeza hasta que vio que decía bien mi nuevo nombre".
Sor María la llevó en barco hasta Valencia. "Estos son tus padres", le dijo ya en el puerto. "Me dieron miedo", recuerda Liberia. "Era un matrimonio mayor. Ella iba de luto riguroso y él estaba medio desdentado. Me escondí bajo el hábito de la monja y ella me dio empujones para que les diera un beso. No entendía nada de lo que decían porque solo hablaban valenciano. De ahí fuimos a casa de la monja. Estaba abarrotada de gente. Luego supe por qué. Sor María se había hecho monja después de que sus padres le impidieran que se casara con su novio. El padre, al enterarse, dijo que no quería verla más y aquel día era el reencuentro. Mucha gente había ido a la casa por el morbo de ver cómo reaccionaban y también para verme a mí. De ahí nos fuimos a Alcoi".
En Alcoi arrancó su nueva vida como María Nácher Guerola. "Cada vez que les decía que me llamaba Liberia y no María, me castigaban. Al final tenía tal lío que repetía todos los nombres juntos. Cuando decía que quería ver a mi madre, no me respondían. Al poco tiempo, mi padre adoptivo empezó a acosarme. Entraba en la habitación y...". Liberia se emociona. "Una vez le conté a una monja lo que me pasaba y me dijo que no se lo contara a nadie y que rezara mucho".
En aquel hogar fue siempre una especie de criada. Fregaba, cocinaba... Con 14 años sus padres adoptivos la pusieron a trabajar limpiando en otras casas y en una panadería. Una de las clientas habituales, que trabajaba de comadrona en el hospital civil de Oliver, le preguntó un día por qué le asustaban tanto los hombres. "Cuando entraba alguno en la tienda me escondía. Al final terminé contándole lo que me pasaba en casa y me propuso quedarme a trabajar de interna en el hospital. Fue mi pequeña salvación, aunque los fines de semana tenía que volver a casa. Entré de limpiadora, y después estudié y fui auxiliar. El dinero que ganaba se lo quedaba mi madre adoptiva".
Cuando, ya casada, tuvo la oportunidad de desentenderse de aquella pareja que nunca la había querido, Liberia no lo hizo. Cuidó hasta que murió a su madre adoptiva y también al hombre que la había acosado durante años, después de que este sufriera una embolia. Nunca le denunció. De su madre biológica no volvió a saber en mucho tiempo. "Pero yo nunca olvidé que me llamaba Liberia y gracias a eso pude reencontrarme con mi familia", cuenta. Hace 26 años que volvieron a verse.
"Mi hermano Quico puso un anuncio en la página SOS de la revista Pronto buscando a su hermana Liberia. Fue en 1986. Al verlo, una amiga mía que conocía mi historia pensó que esa Liberia podía ser yo y le llamó para darme una sorpresa. Era yo. Organizamos el reencuentro. Todos mis hermanos y sobrinos fueron a buscarme al aeropuerto de Tenerife. Ellos lo llaman La reconquista de Liberia. Fue muy emocionante. Mi madre aún vivía. Yo entonces pensaba que me había abandonado y tuvimos un enfrentamiento. Ella me dijo: '¿Pero tú crees que alguien que cría 10 hijos -con Camilo había tenido otros tres- abandona a uno?'. Lo dijo con tanta emoción que la creí. Luego me explicó que había ido muchísimas veces a preguntar por mí a la casa cuna, hasta que le prohibieron la entrada, y siempre le decían: 'Olvídese, donde está y con quien está, su hija está mucho mejor".
A Liberia y a su madre solo les dio tiempo a conocerse y disfrutar una de la otra durante dos años. "Antes de morir, me hizo una petición. Me dijo: '¿Por qué no te cambias los apellidos y vuelves a ser mía?". A Liberia le costó años conseguirlo. En el proceso descubrió que tenía tres partidas de nacimiento diferentes, con fechas diferentes y con nombres de padres diferentes. "Escribí a la Casa del Rey y todo para que me ayudaran. Al final lo logré. Ya vuelvo a ser Liberia Hernández Rodríguez"

Tráfico de niños


Trabajó en la casa cuna de Tenerife -denunciada por robo de niños- desde el 16 de junio de 1963 hasta el 5 de septiembre de 1967. Menos de cuatro meses después, dejó de ser monja. Hoy, a sus 73 años, Mercedes Sánchez García confiesa por qué.

"La madre de Liberia gritaba el nombre de su hija agarrada a las rejas de la casa cuna"
"Dijo que inventara un nombre para el bebé por si me paraba la Guardia Civil"
"Ella iba a recoger bebés a Bilbao en avión y los distribuía en Tenerife"
Mercedes acabó expulsada de la orden tras enfrentarse a su jefa
"Reuní las fuerzas para hablar al leer en EL PAÍS la historia de Liberia Hernández [robada en la casa cuna de Tenerife a los ocho años] y las explicaciones que daba la superiora, sor Juana Alonso, negando haber conocido a esa niña. Yo recuerdo perfectamente a la madre de Liberia agarrada a las rejas del patio preguntando por su hija. Cuando yo empecé a trabajar allí ya habían dado a Liberia en adopción, pero el resto de niñas me explicó que aquella mujer que iba a las rejas era su madre. Estuvo años yendo a la casa cuna a preguntar por su hija. No la abandonó. Sor Juana la despachaba diciéndole que se olvidara, que Liberia estaría mejor con las personas que estaba".
Mercedes también confirma los malos tratos en la casa cuna que Liberia denunció en EL PAÍS. "Al principio, las niñas adoraban a sor Juana Alonso. De hecho, cuando la trasladaron a la casa cuna de Bilbao, pidieron por carta que volviera. En Bilbao conoció a doña Mercedes (Herrán de Gras, propietaria de una red de pisos nido para madres solteras). Cuando volvió, sor Juana era otra persona distinta. Las niñas se arrepintieron mucho de haberle hecho regresar. Les pegaba. Yo la pillé una vez dándole una paliza a una adolescente. Se la había llevado a un lugar apartado, para que nadie la viera, y la chiquilla, que tendría 15 años, le gritaba: 'Por favor, sor Juana... por favor'. Yo le dije que aquello que hacía era inmoral".
No fue el único enfrentamiento entre ambas monjas, pertenecientes a la congregación de las Hijas de la Caridad. "Sor Juana siguió yendo a ver a doña Mercedes. Iba a Bilbao en avión a recoger recién nacidos para darlos en adopción en la casa cuna de Tenerife, donde hacía la distribución. Ahora pienso que probablemente esos niños no sepan que son adoptados", recuerda Mercedes.
La exreligiosa cuenta una vivencia personal: "A mí también me envió una vez a Valencia a por un bebé. Fue en el verano de 1967. Antes de salir me dijo: 'Invéntate un nombre para el niño por si te para la Guardia Civil. Tienes que decir siempre el mismo'. Al llegar a la clínica que me había indicado, en pleno centro de la ciudad, una monja me pidió un sobre que me había dado sor Juana. No sé si era un talón, porque no vi lo que había dentro, pero a ella le pareció bien y me entregó al niño. Había nacido ese mismo día y era precioso. Era tan bonito que dije: '¿Pero la madre lo ha visto?'. La monja se enfadó y me contestó que la madre no tenía por qué verlo porque había renunciado a él y que yo tenía que sacar al bebé de allí enseguida".
Sor Juana había dado a Mercedes un día de asueto para visitar a su familia aprovechando el viaje para recoger a aquel niño de Valencia. "Al verme con el bebé, un familiar me preguntó por su documentación. Le dije que a mí no me habían dado nada más que al niño y me contestó que aquello no era legal, porque debía estar inscrito en el sitio en el que había nacido, es decir, en Valencia".
Cuando Mercedes regresó a Tenerife, le expuso a sor Juana las dudas que le había transmitido su familia. "Se enfadó muchísimo. Me gritó: '¡20 años llevo haciendo esto y viene el último mono a reprochármelo. Ahora bese usted el suelo y váyase!'. Me quedé anonadada. Al día siguiente, cuando fui a ver al niño que había traído, ya no estaba. Había sido dado en adopción. Y cuando pregunté por él, me dijo: 'Está en buenas manos".
Para entonces, Mercedes ya tenía muchas dudas sobre lo que estaba ocurriendo en aquella casa cuna. "Entre nosotras [las 23 monjas que trabajaban en aquel hogar infantil] lo comentábamos, pero solo eran rumores porque sor Juana era muy taimada, hermética, y lo hacía todo por su cuenta. Yo nunca vi dinero y en la comunidad no repercutía nada. Pero a los niños los traía y llevaba de Bilbao en avión".
"En la entrevista en EL PAÍS", prosigue Mercedes, "sor Juana hablaba de un bebé que habían dejado abandonado en el torno de la casa cuna con un papelito de su madre diciendo que no se podía hacer cargo de él. Lo recuerdo perfectamente porque a aquel recién nacido lo cogí yo. Lo sé porque entonces solíamos despertar a los niños hacia las doce y media de la noche para llevarlos al baño y que no se hicieran pis en la cama y sobre esa hora sonó la sirena del torno. Era un bebé precioso, pero al día siguiente, cuando fui a verle, ya no estaba. Sor Juana se lo había entregado a alguna familia". La propia sor Juana confesó a EL PAÍS: "Preferíamos dar al niño siempre recién nacido. Si las madres no venían, como mucho a los pocos meses se daba al niño y como teníamos fama de darlos bien, ninguno se nos hacía mayor en nuestro centro. Se los llevaban antes".
Sor Juana, superiora de la casa cuna de Tenerife durante 19 años [lo normal en su congregación eran cuatro prorrogables a seis] nunca perdonó a Mercedes que hubiera cuestionado su autoridad y sobre todo, la legalidad de las adopciones que llevaba a cabo. "A partir de aquel día me hizo la vida imposible. Se inventó cosas sobre mí. Me acusó de lo peor que se puede acusar a una monja. ¡Yo ni conocía a aquel hombre!".
Como primera medida, sor Juana Alonso sacó a Mercedes de la casa cuna. "Me envió a Sevilla con otras Hijas de la Caridad para que reflexionara. La superiora de Sevilla me dijo que estaba a tiempo de arrepentirme y me ofreció quedarme allí a cuidar de los cerdos y las gallinas que tenían. Pero yo no tenía nada de lo que arrepentirme y le contesté que además ni mi misión ni mi vocación era la de cuidar cerdos y gallinas. Le escribí una carta angustiada a William Slattery, superior de las Hijas de la Caridad, en París, contándole lo que me había pasado. El 17 de diciembre de 1967, justo el día de mi cumpleaños, llegó la respuesta", relata enseñando la misiva. "Me liberaba de los votos de pobreza, castidad, obediencia y servicio a los pobres, y lo hacía, según decía, atendiendo a unos informes que había recibido sobre mí y en los que estoy segura que sor Juana tuvo mucho que ver".
El impacto de aquella carta y de todo lo que había visto en la casa cuna de Tenerife fue brutal para Mercedes. "Tuve una crisis de fe gordísima. Dejé de creer en los curas y en las monjas y decidí dejar de serlo yo misma", relata. Hoy va a misa todos los días y piensa en lo distinta que habría sido su vida si aquella mujer no se hubiera cruzado en su camino: "Sor Juana era soberbia. Se comportaba como un semidiós. Hacía y deshacía las vidas de la gente y tenía la conciencia muy laxa. No creo que hoy se arrepienta de nada de lo que hizo".
Mercedes sí lamenta algo. No haberse acercado a aquella mujer que se agarraba a los barrotes de la casa cuna gritando el nombre de su hija: Liberia.

Gingko Biloba


Ginkgo biloba, el Gingko, o árbol de los cuarenta escudos, es un árbol único en el mundo, sin parientes vivos. Está clasificado en su propia división, la Ginkgophyta, siendo el único miembro de la clase, Ginkgoopsida, orden Ginkgoales, familia Ginkgoaceae, género Ginkgo. Contiene una única especie, el Ginkgo biloba, que constituye uno de los mejores ejemplos de relicto o fósil viviente conocido.
Este que se ve en la foto lo tengo yo en mi terraza, y me lo regaló Guillermo, un sobrino de Paco, que es especialista en bonsais y tiene maravillas. Pero debe ser demasiado modesto, porque no los pone en Facebook. O al menos yo no los he visto.Ponlos, Guille, anda...