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Pieles NO

jueves, 21 de diciembre de 2017

Interesante artículo sobre Jesús de Nazaret, Isa para los musulmanes

CREO EN JESÚS DE NAZARET

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Mi afirmación es clara y nace de una convicción profunda, es el grito de mi fe. Algo que es difícil de expresar con palabras. Pero, es lo que intento en este escrito. No digo en qué Jesús creo, porque el descubrimiento que he hecho de El ha supuesto un lento y doloroso proceso de desmitificación a través de los años. He leído mucho y estudiado varias cristologías, por el enorme interés que tengo por su persona. Sin embargo, creo que una cosa es saber sobre Jesús y otra muy distinta creer en él. No quiero meterme en los estudios que se han hecho sobre el Jesús de la historia, el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Estudios documentados los hay a montones. Jamás se me ocurriría meterme por esos caminos. También hay magníficas Cristologías, algunas muy modernas con enfoques sugestivos y con gran amplitud de miras. Otro campo en el que sería una ridícula osadía pretender entrar. De modo que descarto con toda claridad todo lo que pueda sonar a estudio o exposición científica de estos temas. Porque estoy convencido de que la fe no se basa en los conocimientos. Se puede conocer algo de Jesús de Nazaret, pero no creer en él, o creer muy poco, o no confiar plenamente en su persona. En mi vida lo importante es la convicción, mi creencia, mi fe. Y esta convicción no es ni será nunca demostrable por la evidencia de sus argumentos. Es algo que se escapa a las pruebas de la razón, es de otra dimensión. Las convicciones son la prueba de la autenticidad de mi fe en Jesús. He descubierto que lo importante no es estar seguro de una serie de conocimientos o de verdades, sino tener unas convicciones que se van traduciendo poco a poco en una forma de vivir, en comportamientos lo más coherentes posible con esta fe.
Proceso desmitificador:
Como toda persona creyente, para superar la fe del carbonero, me he hecho una serie de preguntas aunque no haya encontrado las respuestas, y me he dejado interpelar por la realidad en la que vivo. No quería que me engañaran más y cuando leía algún texto del Evangelio, me iba directo al griego a descubrir su verdadero significado. He soportado la perplejidad y el desconcierto, he convivido con la duda y hasta he experimentado el vértigo del agnosticismo o de la increencia. Me ha hecho polvo el silencio de Dios. Bonhoeffer, el teólogo protestante, lo formuló magníficamente: “Ante Dios y con Dios, vivimos sin Dios”. En el compromiso sociopolítico no interviene Dios para nada. La lucha por la liberación de los pobres, por su causa, como la de Jesús, tiene un componente ético de justicia y nada religioso. Y camino por esa senda con total desnudez. En una palabra, he tratado de seguir los pasos hacia la adultez cristiana, lo mismo que caminamos con mayor o menor éxito hacia la adultez humana.
1º) Jesús, ¿es Dios?
Y la primera pregunta sería ésta: ¿Jesús era Dios? Si Jesús era Dios y lo sabía todo, en realidad no llevaba una vida humana como el común de los mortales. Jugaba con doble baraja. Sabía lo que iba a pasar, cómo iba a reaccionar cada persona, a cada uno de los acontecimientos desde los más inmediatos hasta los más lejano en una palabra sabía el final de la película. ¿Es posible admitir que la vida de Jesús fue una inmensa comedia de cara a la galería? su asombro, su admiración, su extrañeza, su indignación o sus lágrimas, ¡eran puro teatro! Todo aquello estaba ya previsto en el guión. Me resisto rotundamente a esa farsa porque la considero totalmente irrespetuosa para con Dios y para con los seres humanos. ¿Qué idea tenemos de Dios? Creo que no tiene sentido esa pregunta, porque si desconocemos el predicado, no lo podemos afirmar del sujeto. No sabemos, ni podemos saber nada de Dios, quien es Dios, cómo es Dios. Diríamos al revés, no preguntarnos si Jesús es Dios, sino afirmar que Dios es Jesús. Es el único Dios que hemos conocido.
2º) Jesús, ¿es hijo de Dios?
Desde luego, no me creo que Jesús sea Hijo de Dios, es decir, que sea la “segunda persona” de la Santísima Trinidad. Creo que la Trinidad no existe, me parece que es un constructo humano, algo así como un mito o leyenda que también tienen otras religiones. No es lo mismo Hijo de Dios, que “Dios Hijo”. Se trata de la influencia griega que juega con conceptos filosóficos: Hijo de Dios es entendido en términos de naturaleza y esencia y no de fe. Decían que en Jesús había dos naturalezas, divina y humana, (perfectus Deus, perfectus homo, propio del siglo IV del concilio de Calcedonia) pero una sola persona, porque “como Dios todo lo tiene presente”. Desde siempre hemos considerado los términos Dios e Hijo de Dios como sinónimos. Pero, está claro que no era ése el sentido corriente en las culturas de la época. Hijo de Dios era el faraón desde el momento en que llegaba al poder. Hijo de Dios era el emperador romano, revestido del poder divino. Hijo de Dios era el rey de Israel y, de forma colectiva, todo el pueblo elegido. Está claro que, en estos contextos, “Hijo de Dios” no tiene el sentido fuerte que después ha ido adquiriendo en la teología. Por otra parte, conviene recordar que la expresión Hijo de Dios aparece 38 veces en los Evangelios frente a las 98 veces que usa la fórmula: Hijo del hombre. Parece bastante seguro, desde el punto de vista histórico, que Jesús nunca reivindicó para sí el título de Hijo de Dios. En cambio, se apropia el título de Hijo del hombre. No es casualidad. Se trata de un planteamiento muy madurado. Es decir, el centro del mensaje de Jesús no es Dios sino el hombre, todo ser humano.
La afirmación es mucho más osada y más desconcertante. Lo que se deduce del prólogo de Juan es que Dios se refleja en Jesús. Efectivamente, avanzamos desde lo conocido (Jesús) hacia lo desconocido (Dios). El término cercano e inmediato es Jesús, su forma de vivir y su forma de morir. Su manera de apostar por la felicidad y por la vida. A partir de su vida tomada en su totalidad podemos barruntar lo que es Dios. Porque a Dios nadie la ha visto nunca; es el Hijo único, que es Dios, y está al lado del Padre, quien lo ha explicado (Jn 1,18).
3º) La filosofía griega:
Desde la perspectiva de Jesús, necesita una severa revisión el Dios de la filosofía griega. No tiene nada que ver con el Dios de Jesús la imagen de un dios lejano e inaccesible, impasible e inmutable, ajeno y ausente de los avatares humanos. El Dios, motor inmóvil de Aristóteles, resulta difícilmente conciliable con el Dios de Jesús. La tendencia intelectualista griega ha puesto la teoría por encima de la práctica, el dogma por delante de la ética, la doctrina por encima de la vida, la ortodoxia en vez de ortopraxis. Dios no es persona, porque la palabra persona es propia de la filosofía griega. Nos han presentado un dios que todo lo tiene en un puño: el presente, el pasado y el futuro; para quien no hay sorpresas ni imprevistos, que lo tiene todo bajo control. Es el dios todopoderoso que permite el mal y los desastres naturales. Así han presentado los artistas a Jesús, como el “pantocrator”, el dios todopoderoso sustituto del dios Júpiter de los romanos. Yo creo en un dios débil que se identifica con los débiles, descarto que Dios sea todopoderoso.
4º) Jesús es la Vida.
Nunca comprendí la introducción al evangelio de Juan en el que se dice que en el principio existía el Verbo. Luego, el Verbo fue traducido por “logos” y en otra parte traducido por Palabra. Se van aclarando las cosas: Verbo, Palabra, Proyecto. Me gusta la interpretación de Juan Mateos. Textualmente: La traducción del v. 1 puede hacerse así: Al principio ya existía el Proyecto, y el Proyecto se dirigía / interpelaba a Dios, y un ser divino era el Proyecto. El Proyecto de Dios es la vida, una Vida con mayúscula, en su sentido más pleno y totalizador. Desde el nivel biológico (¡pan para todo el mundo!) hasta las calidades de vida que podemos ir añadiendo a medida que nuestro desarrollo va ganando en sensibilidad: la paz, la alegría, la felicidad, la comunicación humana, el bienestar, la ternura, la armonía con la naturaleza, etc. La vida personal, la colectiva y la planetaria. La Vida es la luz de los hombres. El criterio ético por antonomasia, el punto de referencia para calibrar las actitudes y las decisiones es justamente aquello que crea vida. Quienes aceptan el Proyecto se van haciendo hijos de Dios. Una visión dinámica de la maduración humana y de la filiación divina al alcance de cualquier bolsillo. Hacerse hijos de Dios significa imitar a Dios en su capacidad de crear vida, de suscitar esperanza y confianza entre las personas. Porque quienes mantienen la adhesión al Proyecto, esos han nacido de Dios. Y el Proyecto se hizo hombre. Se traducía “el Verbo de Dios se hizo carne”. “Carne” (sarx) dice el texto del prólogo. Con el doble sentido de realidad visible, palpable, verificable y también de fragilidad/debilidad humana. No es puro sueño el Proyecto de Dios. Ni es tampoco una realidad para el mundo futuro. La apuesta por la vida se hace aquí, en esta tierra, con estas personas que nos rodean o que viven a miles de kilómetros. Aquel hombre, Jesús, se fue haciendo hijo de Dios a lo largo de su vida. Su comportamiento se fue pareciendo cada día más a la forma de comportarse Dios.
Está claro que Jesús no hace teorías, no especula ni construye edificios filosóficos o teológicos. Jesús vive. Entra en contacto con la realidad y se deja interpelar por ella. A partir de los hechos, reacciona a favor de la vida, defiende la vida allí donde ésta se encuentra más amenazada. Ese es el sentido profundo de su cercanía a los excluidos y marginados, a las prostitutas y a los publicanos… No sienten necesidad de médico los sanos sino los que se encuentran mal (Lc 5,31).
5º) Jesús no lo sabe todo.
Al dudar de que Jesús sea Dios, no se puede decir que su vida esté de antemano prevista y programada. Una vida que se sustrae a los avatares propios de la vida humana: la incertidumbre ante el futuro, el desconcierto o la perplejidad, el error y la metedura de pata, el no saber muchas veces qué hacer. Si fuera un Dios que todo lo sabe y todo lo puede, quedarían eliminadas todas las angustias y todas las dudas. ¡Menudo chollo! Durante siglos hemos estado repitiendo un Credo, donde el hombre Jesús queda literalmente anulado por el Verbo de Dios. La vida de Jesús se reduce a su nacimiento de María, la virgen, y a su muerte en cruz. El resto de su vida no interesa. ¿Cómo vivió? ¿Qué hizo y qué dijo? ¿Qué sentía ante los acontecimientos, las relaciones humanas, la vida? Jesús crecía, se desarrollaba como todo ser humano, y tuvo el proceso de maduración propio de todo ser humano. No tenía nada previsto, ni programado. Era un ser que se despojó de todos los “privilegios” de la divinidad, y en un total vaciamiento (kenosis) de todo lo divino, se humanizó de tal manera que se fundió y se confundió con todo lo humano. Con el sufrimiento de los que nada tienen, los que mueren de hambre cada día, con la angustia de los parados de larga duración, con el dolor de las muertes causadas en las terribles guerras entre pueblos, con la exclusión de tantos inmigrantes, con el sufrimiento de los enfermos, con la pobreza y la miseria de todos los pobres de la tierra. Era un ser tan asombrosamente humano que llegó a ser un modelo de vida para toda la humanidad, aunque no sea Dios, porque no podemos saber qué es Dios.
6º) La muerte de Jesús
Otro interrogante crucial ¿Y la muerte de Jesús?: ¿por qué murió crucificado? Su muerte en cruz, ¿fue pura casualidad, estaba ya prevista o tiene que ver algo con su forma de vivir? El Credo ya se encarga de decir que fue crucificado “por nuestra causa”, por nuestros pecados, pero nos deja, como quien dice, con los mismos interrogantes. La muerte de Jesús fue horrenda, injusta y despiadada. Fue crucificado precisamente en medio de dos subversivos políticos. El término “lestai” en griego significa eso, subversivos políticos, no que fue crucificado entre dos ladrones vulgares. Fue un asesinato político y religioso. Se lo cargaron los poderes del Imperio romano y los poderes de la religión judaica. Su muerte en cruz es la prueba más descorazonadora de que Dios lo ha abandonado. El propio Jesús clamó dando una gran voz: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mc 15,34). Esta es la única “palabra” que pronunció Jesús en la cruz, según Marcos y Mateo. Aquel hombre, Jesús, se vio sometido al desconcierto total, a la oscuridad y a la duda más aterradora: ¿de verdad lo había abandonado Dios? Porque hasta su experiencia de la paternidad divina queda aquí en entredicho.
Para tratar de solucionar el problema ante aquel desastre se dice que “todo estaba ya escrito”. Fórmula que desde nuestra perspectiva resulta ambigua y hasta escandalosa, porque nos suena a fatalismo. Como si toda la vida de Jesús y su trágico desenlace estuvieran ya diseñados y programados desde toda la eternidad. Según algunos, Jesús no podía sufrir porque gozaba siempre de la visión beatífica divina, pero en la cruz hizo un milagro: ocultó misteriosamente su visión beatífica de Dios… ¡para poder sufrir! Resulta realmente asombrosa y espeluznante esta visión de Jesús y del sufrimiento. La muerte de Jesús no estaba prevista, ni programada. Podemos decir, eso sí, que una posible muerte violenta era incluso altamente previsible. No se desafía impunemente a los poderes establecidos. Sobre todo cuando ese desafío se realiza desde la desnudez de la palabra y desde la solidaridad con los excluidos religiosos y sociales. Jesús fue víctima de su propia manera de vivir, de su enfrentamiento con una religión ritualista y alienante, de su cercanía hacia las personas marginadas. En una palabra, fue víctima de su propia ingenuidad al proponer una sociedad alternativa basada en cosas tan sencillas como el servicio fraternal frente a toda forma de poder y la mesa compartida frente a la riqueza acumuladora.
7º) Jesús resucitó:
No tengo ni idea de lo que esto significa. No es un hecho que se pueda probar ni comprobar no es un milagro. Solo puedo entender algo de manera confusa que Jesús sigue viviendo, es el Gran Viviente, que supera las formas de existencia humana, el tiempo y el espacio, propios de la historia humana. No todo terminó en la cruz. Él tiene razón para seguir viviendo, y creo que sigue vivo, aunque no entiendo sus razones. También admito la posibilidad de que voy a resucitar, es decir, a seguir viviendo de forma misteriosa, enigmática. No entiendo nada de esto, pero tengo la creencia, la sospecha, no la certeza, de que pueda resucitar junto con todos los pobres de la tierra que no gozaron de la vida a la que tenían derecho. Si alguien tiene “derecho” a resucitar son ellos los que principalmente han de resucitar. Me parece que no se puede decir que la injusticia triunfará al final. Tengo muchas dudas de que haya otra vida definitiva que va más allá de esta; a pesar de que él lo ha dicho. Yo me fío de El, confío de tal manera en él y en su mensaje que se con una certeza absoluta que Él no me va a fallar, no que vaya a resucitar. Vivo tranquilo y con mucha paz, aunque tenga muchas dudas. No tengo otros apoyos, vivo en una dura soledad, en una clara pobreza económica, “no tengo donde caerme muerto”, en casi completa desnudez psicológica, tampoco tengo otras seguridades sobre un futuro incierto, ese “más allá”, que traspasa las fronteras de mi existencia terrena. Sólo le tengo a Él, del que me fío y confío plenamente.

José María García-Mauriño
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miércoles, 20 de diciembre de 2017

La reina Isabel II de España, "La Frescachona"

Isabel II, ya reina
 
 
Isabel II de España fue una reina atípica. Era hija primogénita de Fernando VIII y Maria Cristina de Borbón-Dos Sicilias.
Reinó desde 1883 , en que fue proclamada reina a los tres años bajo la regencia de su madre, hasta 1868,en  que se tuvo que ir al exilio.
Tanto su madre como la camarilla que la rodeaba no la instruyeron en absoluto, ni en lo referente a cultura ni modales. Creció como un cardo en medio del campo. Su madre quería ser reina regente todo el tiempo posible, y por eso no enseñó nada a su hija en lo referente a gobernar ni a nada.
Con 16 años la hicieron casarse con su primo Francisco de Asís, que era un joven impotente a quien el sexo no importaba nada. La pobre reina lloraba: "¡No quiero casarme con Paquitaaa!!! pero nadie le hizo caso.
Luego, al fin de su vida, la ayudó muchísimo cuando estaba enferma y exiliada-

La reina en traje de corte

El matrimonio, por supuesto, fue un completo desastre. Pero la reina se enamoró del general Serrano, apodado "el general bonito", un tipo apuesto y un puntito chulesco, que fue quien la desvirgó. Ella enloqueció por él y por el placer sexual que había descubierto, y el pueblo la llamaba con cierto cariño "la reina frescachona", pues no había alabardero, guardia, noble o soldado  bien plantado, que no  se lo llevase a su cama.
A sus íntimos, hablando de su noche de bodas, decía que "cómo podía ir bien aquello si el novio llevaba muchos más encajes que yo..."
Luego este superamante la traicionaría para derrocarla y quedarse él de regente.

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Este era el pobre Francisco de Asís, del que sacaron unas coplillas que decían: "Paquito Natillas es de pasta flora, y orina en cuclillas como una señora"
 
 
El Papa Pio IX dijo de ella (palabras textuales) , "es puta pero pía". Este veredicto lo dijo delante de todos los que estaban allí reunidos para concederle a ella, postrada delante suyo, para recibir la distinción de"La Rosa de Oro", que la verdad no sé muy bien en qué consiste, y si está aún en vigor.
Soledad Galán, que escribió una biografía de la reina, decía que era "una hembra que se daba a todo y a todos". Su hijo, que reinó bajo el nombre de Alfonso XII, era hijo de padre desconocido. La propia reina se lo dijo: "-Hijo mío, la única sangre brobónica que corre por tus venas es la mía"
Las mujeres del siglo XIX no comprendían la forma de ser de su reina, pues entonces la mujer estaba sometida al hombre y tenía que ser el ángel del hogar. Pero ella se puso al mundo por montera e hizo siempre lo que quiso. Hoy en día esto no extrañaría a casi nadie, pero entonces hacía falta bastante valor. A veces decía: "-Me doy cuenta de que soy una pecadora". Pero no se enmendaba nada.
Y como no la habían enseñado desde pequeña el arte de reinar, como reina fue un desastre, pero, ¡Y lo que se divirtió!


El general Serrano



 

jueves, 14 de diciembre de 2017

Historia de los musulmanes de España

Mezquita de Córdoba. El Mihrab
Llevo ya una temporada publicando en este mi blog, poco a poco, y demasiado espaciadamente para mi gusto, resúmenes de los dos libros del francés R.P. Dozy, el único historiador que ha estudiado en profundidad la historia de la España musulmana, despreciada en las escuelas y por muchos historiadores también. Y fue un periodo maravilloso de la historia de España, un tesoro maltratado que hace de la historia de este país nuestro tener un algo, un destello, una joya que no tiene la historia de ningun país europeo. Un encanto oriental y un encuentro entre culturas, la árabe, la cristiana y la judía, que a veces eran un encontronazo, pero que no se ha dado en ninguna otra parte y durante siete siglos, que no es poco.
Ahora voy a pasar a hablar de los vencidos, pues de los vencedores ya he hecho algo, muy poco por lo que falta. Madre mía, y en que follón me he metido...
He expuesto un trocito  de la historia  de las luchas entre árabes y berberiscos, cuento anécdotas increíbles y otras cosas diversas.
Pero ahora , antes de hablar de los de "la otra parte", quiero poner aquí un trozo de la vida del califa Abderrahman, el primero de este nombre y el primero de una dinastía que fue faro de cultura en la Europa medieval, oscura y siniestra.
La crueldad de Abderrahman era conocida, sobre todo contra los que se atrevían a desobedecer su autoridad. Pero sus hombres, acostumbrados a las batallas, no se dejaban intimidar fácilmente. Matari era un jefe yemenita de Niebla (precioso pueblo de Huelva ahora) . Una noche en que había bebido mucho y estaba bastante borracho, en un momento en que la conversación versó sobre el asesinato de los yemenitas que habían combatido bajo la bandera de Allah, cogió su lanza, ató a ella un trozo de tela negra y juró vengar la muerte de sus hermanos de tribu. Cuando se despertó al otro dia ya no se acordaba de lo que había hecho estando achispado, y al mirar la lanza convertida en estandarte, preguntó con asombro quién había hecho aquello. Le recordaron lo que había hecho y dicho, y se asustó:
-¡Quitad inmediatamente ese pañuelo de mi lanza, a fin de que no se divulgue mi aturdimiento!.
Pero no habían tenido tiempo de hacerlo, cuando añadió:
-No, dejad esa bandera; un hombre como yo no abandona un proyecto, aunque sea temerario- y llamó a sus hermanos de tribu a las armas. Supo resistirse algún tiempo, y cuando pereció en el campo de batalla, sus compañeros continuaron la lucha con tal tenacidad, que el emir tuvo que tratar con ellos y hacerles concesiones.

Interior de la mezquita de Córdoba



 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Regalos para Navidad de WWF




Tienda Panda

¿Buscando ideas de regalos de Navidad? No busques más 
 

Historia del trébol de cuatro hojas


El trébol de cuatro hojas es uno de los amuletos más antiguos que existen. Data aproximadamente del 200 a.C., en las Islas Británicas.
Más que cualquier otro factor, la rareza del trébol de cuatro hojas (normalmente, el trébol tiene solo tres hojas, de ahí su nombre) es lo que le dio un carácter sagrado a los ojos de los druidas de la antigua Inglaterra, adoradores del sol.
Los druidas, cuyo nombre celta dereu-wid significa "conocer el roble" , frecuentaban los robledales como lugares apropiados para sus cultos. Creían que el poseedor de un trébol de cuatro hojas podía ver a los demonios ambientales, y, a través de los encantamientos, anularlos de su siniestra influencia. La información sobre este amuleto benéfico procede de Julio César, sus escritos, y las leyendas irlandesas. El trébol es el símbolo de Irlanda. Julio César sabía mucho sobre los ritos y costumbres de los celtas.


Varias veces al año, los druidas se reunían en bosques de robles sagrados en la Islas Británicas y en la Galia. Allí zanjaban disputas legales y ofrecían sacrificios humanos para cualquier persona que estuviera enferma a en peligro de muerte a causa de la proximidad de una batalla. Se quemaban jaulas de mimbre llenas de hombres, y, aunque los sacerdotes  druidas preferían sacrificar a criminales, en los periodos en que imperaban la ley y el orden también sacrificaban a inocentes. La inmortalidad del alma y la transferencia de ésta, después de la muerte, a un recién nacido, constituían sus principales creencias religiosas. Antes de terminar el ritual del bosque, los druidas recogían muérdago (al que  se atribuía la propiedad de mantener la armonía en las familias)y buscaban también el raro trébol de cuatro hojas.
Hoy en día, los tréboles de cuatro hojas ya no son raros. El los años 50, los horticultores consiguieron una semilla que solo da tréboles de cuatro lóbulos.Pero así no tiene gracia... En hecho de que hoy crezcan a millones en los invernaderos y se cultiven por centenas en las repisas de las ventanas , no solo despoja a esa hierbecilla de la rareza que representa la suerte, sino que además priva de aventura y emoción el hallazgo de uno de esos ejemplares.

 

lunes, 11 de diciembre de 2017

El origen de la Navidad

El solsticio de invierno

La Navidad de los celtas y romanos

La Navidad, tal y como la conocemos hoy en día, se basa en la tradición religiosa del nacimiento de Jesús, la visita de los reyes magos y los milagros hechos por Santa Claus (San Nicolás).
Sin embargo, las fiestas navideñas sólo se empezaron a celebrar a partir de la Edad Media, y fueron los papas de aquella época quienes fijaron la fecha en el 25 de diciembre, precisamente para que los fieles prestasen menos atención a las fiestas paganas del solsticio de invierno y más a las celebraciones religiosas. Incluso el típico árbol de navidad tiene un origen celta.

Cosas que ocurren durante el solsticio de invierno

El solsticio de invierno es el día más corto del año. Esto es así porque se trata del momento en que la tierra está más inclinada con respecto al sol, y por ello recibe menos luz.


Este momento era considerado por muchas culturas como inicio del año, y ese es el motivo de las celebraciones.

Para descubrir

Haz clic sobre cada uno de los dibujos si quieres descubrir cómo se celebraba el solsticio de invierno en las culturas antiguas...



La cultura celta


La antigua Roma

¿Cuánto sabes?

Cuando termines, resuelve este crucigrama y encontrarás una sorpresa secreta...



Crucigrama 

Para saber algo más, consulta algunas de estas referencias: