
Hoy es 17 de agosto, 14,58 h. Tengo un fuerte ataque de angustia. Ayer empezó todo cuando fuimos a Cala Mondragó, mi playa preferida. ¡Lo he pasado tan bien allí…!Ya iba con recelo. Hay un proverbio turco que dice: “Donde has sido feliz, no vuelvas”. Y es verdad. Y lo que me temía sucedió. Hacía unos tres años que no íbamos a esa playa.Los dos ultimos no pude por la operación de mi pierna y porque el verano pasado y el otro lo pasé mal, con continuas depresiones y ataques de angustia. Este año, sin embargo , estaba pasando un verano estupendo. Pero ayer todo se fue a la porra. En Cala Mondragó ya me costo subir la cuesta (claro, una cuesta se llama cuesta porque cuesta subirla). Antes la subía mejor, pero ayer las piernas me fallaban; nunca volverán a ser las de antes. Aunque no cojee y la operación haya sido un éxito. Me metí enseguida en el mar, pues nadar me relaja mucho. Pero no pude pues había olas y resaca. Me tuve que salir y allí, a la sombra, me tumbé en el suelo y me empecé a encontrar mal, una tristeza grande me cogió, y pensaba que ya nada volvería a ser como antes. Esta idea me hacia sufrir. Yo pensaba que era una privilegiada, pues había gente en mucho peor situación que la mía, pero pensar eso no alivia nada. Volvimos a casa e hice la siesta, y después la tristeza se fue y me empezó un fuerte ataque de angustia, que aún me dura hoy, y no sé si mañana. Estas cosas en mí son muy largas de pasar. Pienso que ya pasará, que es como quien tiene un dolor de cabeza o de lo que sea, que siempre –o casi- acaba pasando, y estas cosas a mí siempre se me acaban pasando y vuelvo a estar contenta. Pero tardan tanto … Me da miedo el futuro, la invalidez y la decrepitud, que he visto en mi abuela, mi suegra… en tantas personas de mi familia.La muerte no me da miedo, es la gran liberadora. Además, si hay algo más allá, no tengo miedo porque ya me he arrepentido de todo lo malo que he hecho en esta vida y mi lámpara está siempre encendida. No me cogerá la Parca de sorpresa. Pero antes de la muerte todo es muy terrible. La vejez y la enfermedad sí me dan miedo, y la muerte de la gente a quien quiero, que me dejará más sola aún. Ayer me puse tan mal en Cala Mondragó porque hace tres años, cuando estuve allí iba completamente despreocupada, sin pensar en el futuro. Y ayer no fui así. Ayer ya llevaba la carga de la preocupación por el incierto porvenir.Yo comparé las dos actitudes y comprendí que la primera, la buena, ya no volvería. Esto dicho así es una cursilada, pero es cierto y no sé expresarlo de otra manera. Comparé las dos situaciones y me entró la desesperación. Comprendí que nada sería ya como antes. Hablé con mi prima Pilar ese día y ella está peor, con unos dolores de ciática terribles, y la escoliosis, y siempre todos los días tiene dolor desde hace años y siempre lo tendrá. Yo no. Pero cuando me entra esta depre y esta angustia, no me sirve de nada pensar que hay mucha gente, como mi prima, en peores condiciones que yo. No me sirve de ningún consuelo. No es lo mismo contar los palos que recibirlos.
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