
Una actriz, amante casual de Napoleón Bonaparte, vió en la habitación de éste un retrato suyo en un marco de diamantes. Codiciosa le dijo:
-Me gustaria tener un retrato de mi Emperador.
-Pues es fácil- respondió Napoleón sacando del bolsillo de su casaca una moneda de cinco francos. Toma éste que es el que más se me parece.
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En un juzgado de Madrid se juzgaba en el siglo XIX a un pobre diablo acusado de haber cometido un robo.
-Ayer a esta hora- dijo el acusado- estaba cenando en una taberna de la calle de Ceres con tres matarifes que no me dejarán mentir.
-¡Taberna! ¡matarifes! ¡calle de Ceres! -dijo el juez-. ¡Vaya calle y lugar y vaya escogida sociedad!
-Señor juez- respondió el acusado.-¿Por ventura usía me ha invitado alguna vez a cenar en su casa?
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El cardenal Mazarino hablando del juez Lecoigneux dijo:
-Es tan buen juez que rabia por no poder condenar a las dos partes.
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Se había proclamado la I República. Una personalidad muy destacada de la situación se acercó a un simón:
-¡Hola, ciudadano!-le dijo el cochero-. -¿Adónde vamos?
El personaje se quedó un momento contemplándolo y dijo:
-Tú a la mierda... y yo a tomar otro coche.
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Malek, visir del califa Omar, venció a un ejército griego e hizo prisionero a su emperador al que hizo entrar en su tienda preguntándole qué trato esperaba de su vencedor.
-Depende. Si peleáis como rey, me dejaréis libre;si como mercader me venderéis como esclavo; si como carnicero, me degollaréis.
El Emperador fué puesto en libertad.
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Esto solo podía pasar en Francia y en el siglo XVIII:
Dijéronle un día al marqués de Melun:
-Mira que Fulano galantea a tu mujer.
-Dejadle- replicó él.-Al final se cansará de ella como me he cansado yo.
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Contaba Eugenio Sellés que una esposa decía a su marido:
-¿Estás a mi lado y bostezas?
-¿Qué quieres?- respondió el esposo.-El marido y la mujer no forman más que uno solo, y yo, cuando estoy solo, me aburro.
(qué maleducado)
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