UN MES EN LA RUSIA SOVIETICA-TRES
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En Lieningrado hacía aún más frío que en Moscú. Está más al norte, y cruzando el Neva por uno de los muchos puentes venía un aire gélido del Golfo de Finlandia que era demasié. Yo llevaba una bufanda por dentro y otra por fuera, ya lo he dicho, me parece, un anorak y calzado apropiado y un paraguas. Iba como para ir a Rusia o al polo. Tuvimos suerte porque apenas nos llovió en todo el mes, pero el cielo, en Moscú y aquí tenía siempre un color panza de burro que no presagiaba nada bueno. Pero ni apenas llovió ni nevó. Cuando cruzábamos el rio Neva, que es donde se ahogo Rasputín, después de ser envenenado concienzudamente con estricnina por el príncipe Yussupof y sus amigos, y después de haber recibido por parte de los mismos varios tiros en el corazón, y salir corriendo todavía (era siberiano) se cayó en el río y allí acabó ahogándose. Cuando nosotros lo cruzábamos, un honesto ciudadano (supongo que lo era, pues en la Rusia de entonces, al que malversaba fondos del Estado, al paredón. Y muy bien. Lo mismo tendrían que hacer con los corruptos mallorquines, así se les quitarían las ganas de robar). Pues el honesto ciudadano, ¡se estaba bañando, entre témpanos de hielo!. Cuando salió, su familia, que le estaba esperando en la orilla, le secó con una toalla y se vistió, el tío. Y es que los rusos son muy brutos. Mi padre los definía muy bien, conocia el alma eslava. Decía que un ruso es un tipo que te pega un tiro y luego se echa a llorar. Retratados.
En esta ciudad visitamos el Palacio de Invierno, donde estaba el zar en los azarosos días de la Revolución de Octubre, que era realmente de Noviembre, pues iban con el calendario juliano y nosotros con el gregoriano. Desde el Palacio mandó cargar a la caballería con sables e hizo una carnicería de hombres, mujeres y niños que se recordará siempre en la Historia. ¡Y ahora los monárquicos le quieren hacer santo!. Era un idiota, mediatizado por la zarina.Y un asesino.
En el Palacio de Invierno está el Museo del Hermitage, uno de los más bonitos del mundo. Hay joyas, trajes de boyardos recamados en piedras preciosas, maravillosos muebles en malaquita (a los rusos siempre les ha gustado mucho la malaquita, y el ámbar, con el que comerciaban con los vikingos, que bajaban por el Volga. Yo me compré allí un collar de ámbar precioso) y los famosos huevos de Fabergé, joyero francés al que el zar encargaba para su esposa para Navidad, Pascua, su santo, su cumple y por todo. Eran carísimos, de oro y piedras preciosas. Algunos con miniaturas maravillosas. Y mientras, el pueblo muriéndose de hambre. En Europa los observadores siempre creyeron que después de Francia, el país que antes haría la revolución (los ingleses ya hicieron la suya a su manera, con Cromwell, y a los españoles nos falló la única), sería Alemania, pero los rusos se adelantaron y es que por muy sufrido que se sea, vivir en un país helado y encima sin comer, es para ponerse a desbarrar y hacer lo que sea menester.Y lo hicieron. Felices ellos.
En Lieningrado visitamos la peor cárcel que he visto en mi vida. La de la Pietropávlovskaya Kriépost (Fortaleza de Pedro y Pablo). Allí estuvo preso Pushkin, el escritor, y los diecabristi,(decembristas), todos precursores de la rievolutsia. (revolución, claro)
Y es que la dichosa cárcel está hecha con una mala baba impresionante.Las celdas tienen cada una una ventana con rejas, pero sin cristal. Nunca lo ha habido. Esto, en invierno, era tremendo. ¡Ah, pero tenían una estufa!. ¿Y cómo estaba colocada la estufa?. Pues había una para dos celdas,en medio del tabique,y estaba compartida por dos presos. Había una cama de hierro debajo de la ventana y no disponían ni de colchón ni de mantas. Nada, encima del somier, recibiendo el airecillo. La cama estaba inmóvil y si querían calentarse tenían que ir al otro extremo de la habitación.,donde la estufa. Si querían tumbarse, a refrescarse a la cama.Una presa política no pudo más de esta tortura y, usando la lámpara de petróleo que les dejaban tener, se quemó viva. Los revolucionarios sin embargo los tenían bien puestos, y no solo no se desanimaron de tanto frío sino que desarrollaron un sistema de comunicarse a base de golpecitos que era una virguería. Me lo contaron pero no lo recuerdo. Era complicadillo, pero lo que les sobraba era tiempo.
Vimos más cosas en la segunda ciudad de Rusia, pero eran tantas que no las recuerdo.
Luego volvimos a Moscú la Santa, que era como la llamaban antes de la revolución, porque estaba llena de iglesias.Los popes de entonces, como siempre en estos casos la clase sacerdotal, sea de la religión que sea, estaban de parte del zar y los nobles, y del pueblo ni caso hacían. Los revolucionarios no dejaron un pope vivo, como pasó en España con los curas que pillaron los milicianos. Y es que siempre pasa igual.
En Moscú, en un teatro del Komsomol, los adolescentes de ambos sexos que tenían buena voz nos deleitaron con canciones españolas y rusas, como Katiusha, Ojos Negros, y otras que hicieron llorar a moco tendido a los vejetes que llevábamos, los “niños de la guerra”. Era realmente conmovedor y emocionante. Y es que los rusos tienen unas voces fantásticas. Hombres y mujeres. Escuchamos a un tenor ruso que era tan bueno o mejor que Pavarotti, y mujeres que cantaban como la Tebaldi. Y nadie las conocía fuera de Rusia. Y los violinistas me ponían los pelos de punta. ¡A mí, que soy negada para la música.!. Nunca un violinista occidental me ha emocionado tanto como aquellos.
También nos agasajaron con una fiesta, a la que acudieron capitostes soviéticos, quienes estuvieron encantadores con nosotros. Lo que me llamó más la atención fue la presencia de unas “pilotas de guerra”, heroínas de la Guerrea Mundial, que habían abatido a muchos aviones alemanes. Eras altas y fuertes, anchas como armarios, pero muy dulces. En el pecho llevaban docenas de condecoraciones.
Otra cosa, más prosaica, que me llamó la atención en mi visita a tierras heladas, es lo bien que regulan los rusos la calefacción, no como en España, que nos asamos en invierno y nos helamos en verano. Allí ni la notas, pero estás estupendamente. Y todas las ventanas son dobles, y no hay corrientes de aire ni nada parecido. Se está realmente bien en los interiores.
(ya falta menos, otra entreguita y me habré quedado a gusto. Quien avisa no es traidor.)
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