Por: Pilar López Bernués
Colaboradora de Enigma 900 en Barcelona, España
MISTERIOS INEXPLICABLES
Han pasado
quince años desde aquel terrible 13 de noviembre de 1992 en el que tres
jóvenes quinceañeras desaparecieron del pueblo valenciano de Alcàsser
mientras se dirigían a una discoteca en la vecina población de
Picassent.
La última persona que las vio con vida, además de sus asesinos, fue
una vecina de la localidad que, asomada a la ventana de su casa,
advirtió que las niñas subían a un coche por propia voluntad, sin
violencia.
La búsqueda duró hasta el 27 de enero de 1993, momento en que unos
apicultores encontraron semienterrados los cadáveres de las tres
muchachas, en avanzado estado de descomposición y terriblemente
mutilados, todo ello en las cercanías del pantano de Tous.

Hasta
ahí, los hechos, pero las preguntas todavía no se han resuelto quince
años después. ¿Subieron las niñas al vehículo de un conocido o de
alguien que no les inspiraba desconfianza? Aquel trayecto, entre ambos
pueblos, era una ruta común entre los jóvenes quinceañeros que acudían a
la discoteca; nadie vio nada, nada perturbó la tranquilidad de Alcàsser
y todo transcurrió sin llamar la atención. Miriam, Toñy y Desireé no
habrían subido al coche de un desconocido, según sus familiares, y mucho
menos si lo conducía el único inculpado: Miguel Ricart, conocido de una
de ellas pero delincuente común.

¿Por
qué la labor policial estuvo plagada de errores, de principio a fin?
¿Por qué las segundas autopsias, hechas por el prestigioso forense Dr.
Frontela a petición de las familias, se hicieron sin la totalidad de los
cuerpos? ¿Por qué cuando Fernando García, en compañía del abogado
apellidado Blanco, intentó demostrar en un programa de televisión que
los inculpados en las muertes no eran los detenidos y que había mucho
por investigar fueron apartados del programa?
Las heridas que presentaban los cuerpos de las tres niñas eran
escalofriantes, sufrieron torturas que van más allá de la imaginación de
un violador común o delincuente común. Uno de los cuerpos, en concreto,
llevaba incrustada entre las vértebras una cruz de caravaca y se le
había arrancado un pezón.

La
chapuza policial, perdiendo pruebas, siguió de manifiesto cuando se
intentó detener en su propia casa a Antonio Anglés, un delincuente
peligroso que apalizaba a su madre y había secuestrado a su novia, pero
ese hombre, que estaba supuestamente en "busca y captura" se hallaba en
su propia casa tan limpiamente y, limpiamente, se fugó ante las narices
de la guardia civil, saltando por una ventana.... Anglés desapareció (yo
diría que convenientemente) y hasta hoy no se sabe de él ¿Está en
Brasil? ¿Embarcó en un buque con destino a Reino Unido y se cayó (o lo
tiraron) por la borda? ¡Nada se sabe!
En cuánto al único detenido por los hechos, el amigo y compinche de
Anglés, llamado Miguel Ricart, existen contradicciones entre lo que
declaró y, por supuesto, un hombre solo, quizá ni siquiera dos, pudieron
cometer semejante carnicería.
Hay una opinión extendida que yo, personalmente, no descartaría. Se
cree que Anglés y Ricart fueron cabezas de turco y que al segundo se le
"enjabonó" para taparle la boca. De hecho, se le concedió el segundo
grado penitenciario cuando todos los informes lo desaconsejaban ¿Por
qué? Sólo resta esperar que si él es una tapadera hable de una vez y si
no lo es que cumpla íntegramente su condena.

¿Y
por qué mucha gente piensa que Ricart es una tapadera y que él y Anglés
recibieron dinero? Porque el estado de los cuerpos y las vejaciones que
sufrieron las tres niñas apuntan más a snuff-movies o rituales
satánicos que a delincuentes comunes, porque la pérdida de pruebas, las
zancadillas para practicar segundas autopsias y la labor chapucera en
extremo despiertan la imaginación y la ponen alerta: ¿Personas de alto
nivel social o amparadas en alguna institución de prestigio fueron los
asesinos? ¿Por qué Anglés desapareció del mapa y quedó un único culpable
con no muchas "luces"? ¿Dónde están el resto de criminales?
Lamentablemente, este es uno de esos casos que siguen abiertos en la
mente popular, que no sólo se cobró tres vidas inocentes sino que
destruyó a tres familias y sembró el terror en toda España y en la zona
de Levante de manera particular.
Fernando García, padre de Miriam en el lugar donde asesinaron a su hija.
No saber deja heridas abiertas y motivos para
especular, y este caso, sin duda alguna, sigue en la mente de muchas
personas por la gran indefensión que trasciende ante actuaciones
confusas, chapuceras y poco claras. ¿Hay algo que encubrir y por ese
motivo todo se desarrolló así? ¿En qué pensaba la reportera que casi se
jugó su futuro profesional, y que fue muy criticada, montando un morboso
espectáculo ante los tres cadáveres? Hay muchas preguntas y muy pocas
respuestas.
Una vez más, este artículo está escrito desde el más profundo
respeto por las víctimas y muy especialmente por sus familiares. En mi
opinión, sin embargo, mantenerlo vivo es no permitir que las miles de
preguntas sin respuesta, de las que sólo he hecho una brevísima
sinopsis, se queden ahí ocultando, quizá, a los auténticos culpables.
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