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Pieles NO

domingo, 1 de septiembre de 2019

"Chindo, perro de ciego", por Camilo José Cela.

Dedicado a todos los perros y gatos que han sido abandonados estos días por sus dueños, y que sufren soledad, desespero, hambre, y muchos acabarán chafados en una autopista.
Me parece tan injusto que estos animales tengan que sufrir tanto, y se ve en sus caras la angustia del no comprender nada de lo que les está pasando. Sus aullidos no los escucha nadie, y a nadie importan.
Y no me olvido de los corderos lechales,-a los que llaman "lechazos" (cuánto desprecio hay en esa palabra)- y tantos y tantos animales que acaban de empezar su vida cuando son degollados en los mataderos, cerditos -lechones- terneros que  también aún maman... y tantos otros, menos conocidos, que llevan una vida mísera por culpa de "la manada de los hombres", como diría Mowgli en el cuento  de Kipling..(Nada que ver con la almibarada y cursi  película de Walt Disney.)
 Jesús decía que Dios cuidaba de los animales del campo, y que les daba el sustento, pero si estuviera ahora aquí no sé qué podría decir.
Y luego dicen que "Dios hace bien las cosas".
Pues yo no lo veo .


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Pequeña parábola de “Chindo” perro de ciego
[Cuento - Texto completo.]
Camilo José Cela


“Chindo” es un perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos. Es rabón y tiene la piel sin lustre, corta la alzada, flácidas las orejas. “Chindo” es un perro hospiciano y sentimental, arbitrario y cariñoso, pícaro a la fuerza, errabundo y amable, como los grises gorriones de la ciudad. “Chindo” tiene el aire, entre alegre e inconsciente, de los niños pobres, de los niños que vagan sin rumbo fijo, mirando para el suelo en busca de la peseta que alguien, seguramente, habrá perdido ya.
“Chindo”, como todas las criaturas del Señor, vive de lo que cae del cielo, que a veces es un mendrugo de pan, en ocasiones una piltrafa de carne, de cuando en cuando un olvidado resto de salchichón, y siempre, gracias a Dios, una sonrisa que sólo “Chindo” ve.
“Chindo”, con la conciencia tranquila y el mirar adolescente, es perro entendido en hombres ciegos, sabio en las artes difíciles del lazarillo, compañero leal en la desgracia y en la obscuridad, en las tinieblas y en el andar sin fin, sin objeto y con resignación.
El primer amo de “Chindo”, siendo “Chindo” un cachorro, fue un coplero barbudo y sin ojos, andariego y decidor, que se llamaba Josep, y era, según decía, del caserío de Soley Avall, en San Juan de las Abadesas y a orillas de un río Ter niño todavía.
Josep, con su porte de capitán en desgracia, se pasó la vida cantando por el Ampurdán y la Cerdaña, con su voz de barítono montaraz, un romance andarín que empezaba diciendo:
            Si t´agrada córrer mon,
            algun dia, sense pressa,
            emprèn la llarga travessa
            de Ribes a Camprodon,
            passant per Caralps i Núria,
            per Nou Creus, per Ull de Ter
            i Setcases, el primer
            llogaret de la planúria.
“Chindo”, al lado de Josep, conoció el mundo de las montañas y del agua que cae rodando por las peñas abajo, rugidora como el diablo preso de las zarzas y fría como la mano de las vírgenes muertas. “Chindo”, sin apartarse de su amo mendigo y trotamundos, supo del sol y de la lluvia, aprendió el canto de las alondras y del minúsculo aguzanieves, se instruyó en las artes del verso y de la orientación, y vivió feliz durante toda su juventud.
Pero un día… Como en fábulas desgraciadas, un día Josep, que era ya muy viejo, se quedó dormido y ya no se despertó más. Fue en la Font de Sant Gil, la que está sota un capelló gentil.
“Chindo” aulló con el dolor de los perros sin amo ciego a quien guardar, y los montes le devolvieron su frío y desconsolado aullido. A la mañana siguiente, unos hombres se llevaron el cadáver de Josep encima de un burro manso y de color ceniza, y “Chindo”, a quien nadie miró, lloró su soledad en medio del campo, la historia -la eterna historia de los dos amigos Josep y “Chindo”- a sus espaldas y por delante, como en la mar abierta, un camino ancho y misterioso.
¿Cuánto tiempo vagó “Chindo”, el perro solitario, desde la Seo a Figueras, sin amo a quien servir, ni amigo a quien escuchar, ni ciego a quien pasar los puentes como un ángel? “Chindo”contaba el tránsito de las estaciones en el reloj de los árboles y se veía envejecer -¡once años ya!- sin que Dios le diese la compañía que buscaba.
Probó a vivir entre los hombres con ojos en la cara, pero pronto adivinó que los hombres con ojos en la cara miraban de través, siniestramente, y no tenían sosiego en le mirar del alma. Probó a deambular, como un perro atorrante y sin principios, por las plazuelas y por las callejas de los pueblos grandes -de los pueblos con un registrador, dos boticarios y siete carnicerías- y al paso vio que, en los pueblos grandes, cien perros se disputaban a dentelladas el desmedrado hueso de la caridad. Probó a echarse al monte, como un bandolero de los tiempos antiguos, como un José María el Tempranillo, a pie y en forma de perro, pero el monte le acuñó en su miedo, la primera noche, y lo devolvió al caserío con los sustos pegados al espinazo, como caricias que no se olvidan.
“Chindo”, con gazuza y sin consuelo, se sentó al borde del camino a esperar que la marcha del mundo lo empujase adonde quisiera, y, como estaba cansado, se quedó dormido al pie de un majuelo lleno de bolitas rojas y brillantes como si fueran de cristal.
Por un sendero pintado de color azul bajaban tres niñas ciegas con la cabeza adornada con la pálida flor del peral. Una niña se llamaba María, la otra Nuria y la otra Montserrat. Como era el verano y el sol templaba el aire de respirar, las niñas ciegas vestían trajes de seda, muy endomingados, y cantaban canciones con una vocecilla amable y de cascabel.
“Chindo”, en cuanto las vio venir, quiso despertarse, para decirles:
-Gentiles señoritas, ¿quieren que vaya con ustedes para enseñarles dónde hay un escalón, o dónde empieza el río, o dónde está la flor que adornará sus cabezas? Me llamo “Chindo”, estoy sin trabajo y, a cambio de mis artes, no pido más que un poco de conversación.
“Chindo” hubiera hablado como un poeta de la Edad Media. Pero “Chindo” sintió un frío repentino. Las tres niñas ciegas que bajaban por un sendero pintado de azul se fueron borrando tras una nube que cubría toda la tierra.
“Chindo” ya no sintió frío. Creyó volar, como un leve vilano, y oyó una voz amiga que cantaba:
Si t´agrada córrer mon,
algun dia, sense pressa…
“Chindo”, el perrillo de sangre ruin y de nobles sentimientos, estaba muerto al pie del majuelo de rojas y brillantes bolitas que parecían de cristal.
Alguien oyó sonar por el cielo las ingenuas trompetas de los ángeles más jóvenes.
FIN





Chistes gráficos













¿De dónde proviene la palabra "bachillerato?



Del francés "baccalaurèat", que viene del latín "bacca", laurel, y y "laureat", coronado. O sea, aquel a quien le han puesto una corona de laurel, en este caso por sus estudios.


sábado, 31 de agosto de 2019

El supuesto matrimonio de Jesús

sábado, 24 de agosto de 2019

¡Por fin apareció Pepinillo!!!!!


Este es el primer cartel que vio  toda Mallorca del "niño perdío" que se llama Pepe pero responde por Pepinillo.
Se hizo viral su pérdida, sus fotos salieron en los diarios locales y había una red muy extensa de personas, todas ellas animaleras, situadas día y noche en los sitios por los que iba pasando el Pepino éste, que casi acaba con sus dueños, sus amigos, los vecinos...
El tío hacía siempre el mismo recorrido, en un area muy extensa y al galope. Así tiene ahora esa cara de agotamiento. Y comía y bebía en algunos sitios donde hay colonias de gatos, los cuales debieron de ver espantados a aquella pequeña fiera comiendo y bebiendo estando de paso...Nadie sabe donde dormía.
No lo tengo muy claro, pero he entendido que lo vio un motorista debajo de unas matas y dio el aviso a sus dueños, los cuales acudieron enseguida y consiguieron que el aventurero perro se dignase dejarse acariciar y coger por su dueña, que le daba sin cesar besos y él también, con unos ladridos alegres en su idioma perruno.¡ Y qué abrazos, amigos!. Era una escena enternecedora.
Pero más enternecedor aún si cabe, fue cuando se encontró en su casa con su camarada, otro de raza pura callejera, quien lo pasó muy mal al no ver más a su lado a su alter ego . ¡Más besos y abrazos! Y luego dirán que los animales no tienen sentimientos,,,

Comida para el tránsfuga en algunas casas de su recorrido





Pepinillo, ya en casa, durmiendo agotado al lado de su compañero , que tan mal lo ha pasado con su ausencia, y que le hizo un recibimiento digno de un emir del Golfo

viernes, 23 de agosto de 2019

Pepinillo está desaparecido desde hace muchos días en Mallorca


Si lo veis, no intentar cogerlo no correr hacia él. Está muy asustado. Solo llamar a uno de estos tres telefonos e indicar donde lo han visto