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Pieles NO

jueves, 1 de enero de 2026

Yo trabajé en el cuartel de Son Rullán, en Palma


 Allí presté mis servicios durante bastantes años ,de  analista de clases de pólvoras de distintos lotes de cartuchería en un laboratorio de explosivos. Se hacían pruebas de acidez y estabilidad. Las primeras se hacían pesando cierta cantidad de pólvora de cada lote y poniendo en tubos de ensayo un papelito impregnado con una sustancia química cuyo nombre no recuerdo (algo de metilo)

Las de estabilidad tenían algo de peligro, como contaré seguidamente.Yo pesaba una cantidad de pólvora 
de cada lote, se metían en tubos de ensayo, y éstos se metían en un cacharro a prueba de bombas (¡) lleno de aceite pesado, que se calentaba a 250º, si no recuerdo mal.   Aquel chisme se calentaba hasta que llegaba a esta respetable .temperatura. Se enchufaba a la pared. 

Pues bien, yo tenía en mi laboratorio un enchufe de aquellos de -si no recuerdo mal. de 125. Yo sabía que el aceite tardaba en subir a 250º ciertos minutos, y cuando ya se acercaba   a este tiempo yo ya lo vigilaba. 

Pero hicieron unas obras en mi laboratorio, me trasladaron provisionalmente con todos los trastos a un barracón. y nadie se fijó  en que la electricidad de este barracón ya era moderna, de 220º . Por lo cual, la temperatura del aceite pesado subió mucho más rápido de lo normal.Yo no pensaba en que esto estuviera sucediendo, y fuí a mirar como estaba la temperatura del aceite. Vi con espanto que había subido una barbaridad y -casi me quedé sin cara- al retirarme, un segundo después se hizo pedazos con gran estruendo, y parte de la parte del cacharro del aceite me golpeó la espalda, sin hacerme mucha daño.Solamente algunas esquirlas de cristal me cayeron en las piernas y esa fué la única parte más aparatosa, lo demás rasguños. 

Pero aquel estruendo se oyó en todo el cuartel, y ya el médico y casi todo el mundo se precipitaron a socorrerme, pero ni siquiera me había caído, solo un poco de sangre me chorreaba por las piernas. Y una esquirla de cristal me partió una ceja, que se puso a sangrar abundantemente, pero yo no notaba daño alguno.   Mas la gente que corría hacia mí sí se asustó, al verme con aquella pinta.

Llamaron a mi padre, que era el jefe del lugar,y estaba en Son Bonet y vino enseguida con cara de susto.

En un momento se corrió la voz de que la hija del coronel había perdido la cabeza.Y es que hay que ver cómo es la gente de exagerada.

No sé qué le contaron a mi padre, que llegó muy asustado -no era para menos- pero yo salí a su encuentro corrriendo, cosa que le tranquilizó. En el botiquín me limpiaron la cara -la ropa estaba hecha un asco- Me hizo llamar a mi madre, por si  oía algo de mi aventura- y nos fuimos a casa. Mi madre me hizo bañar y ya está.

Si me hubiera quedado ciega no sé...

Bien está lo que bien acaba.

Luego contaré lo que me sucedió en el polvorín de Puntiró cuando mi padre me enseñó a tirar con pistola, fusil y metralleta.