Una señora está terminando el embarazo y va con su marido al hospital. El doctor les cuenta de una nueva máquina que permite transferir parte del dolor del parto hacia el padre. El marido, que es grandote, fortachón y con cara de rudo, acepta inmediatamente: el dolor no es nada para él. Empieza el parto, con la máquina al 10%. El tipo dice que no siente nada, así que suben al 25%. El tipo sigue sin inmutarse, pide que aumenten la potencia. 50%, al tipo le da un tic en el ojo, pero aparte de eso, nada. Pide que aumenten al máximo, 100%, y empieza a respirar más fuerte y suda un poco, pero nada más. La señora, mientras tanto, feliz pariendo sin nada de dolor. La guagua nace bien, el doctor da el alta altiro, y ambos se retiran. El tipo no dice ni una palabra en todo el camino. Al llegar a casa, se encuentran con el cartero, muerto.
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- Mamá, hoy en el colegio hemos aprendido a hacer explosivos.
- Muy bien, Jaimito. ¿Y mañana qué aprenderéis en el colegio?
- ¿Qué colegio?
- Mamá, mamá, ¿puedo usar tu coche?
- ¡No sin mi supervisión, Jaimito!
- ¡¡Huy, perdón por no tener superpoderes como tú!!
- Jaimito, ¿para qué sirven las raíces cuadradas?
- ¡Para hacer árboles cuadrados!
- Jaimito vuelve a casa y le enseña a su madre 100 euros que se ha encontrado:
- ¿Estás seguro que alguien los ha perdido?
- ¡Segurísimo, mamá! ¡Incluso he visto al señor que los estaba buscando!
- Profe, usted no me castigaría por algo que no he hecho, ¿verdad?
- Claro que no, Jaimito.
- Estupendo, porque no he hecho los deberes.
- Jaimito, ¿quién fue Juana de Arco?
- Una drogadicta, maestra.
- -¿De dónde sacas eso?
- El libro dice que murió por heroína.
- Jaimito, dame al bebé.
- Espera a que llore.
- ¿A que llore por qué?
- Porque no sé dónde lo dejé.
- Le dice el padre a Jaimito:
- ¡Hijo mío, me están saliendo muy caros tus estudios!
- Y Jaimito le responde:
- ¡Y eso que ni estudio!

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