pieles no

pieles no
Pieles NO

jueves, 27 de octubre de 2011

Sobre el suicidio



“No hay más que un problema auténticamente filosófico: el suicidio”. Así comenzaba, si no recordamos mal (citamos de memoria), el primer capítulo de El mito de Sísifo, obra de Albert Camus, escritor de quien, por cierto, se conmemora este año la efeméride (hace 50 años que murió).
Pero Camus, se dirá, escribía desde la ola del existencialismo, que conoció un éxito rotundo en los años 40 y 50 haciendo de la filosofía terreno abonado para el best-seller, y el existencialismo siempre estaba dando vueltas a la noria del sentido de la vida, el absurdo, y cosas del estilo.
Empero, el tema del suicidio no es una invención de los filósofos existencialistas. Su historia y sus, digamos, concomitancias, se prestan a estudiarlos desde una óptica curiosa, si es que somos capaces de obviar ciertos temblores casi traumáticos (en el fondo, muchos de nosotros ¿acaso no conocemos de primera, de segunda o de tercera mano casos de suicidio? Pero por eso mismo, en nuestra modesta opinión, el asunto no debiera convertirse en tabú).
El suicidio es un fenómeno universal, transcultural, y conocido desde antiguo. Asombra, sin embargo, que la mayoría de las religiones (aunque ninguna con la sádica perversidad del cristianismo, que primero fija el mundo como sufriente valle de lágrimas y, acto seguido, amenaza con los rigores eternos del infierno a quien decida salirse de ese valle voluntariamente: o sea, establece un control total sobre las almas y los cuerpos) y casi todas las legislaciones habidas y por haber lo consideren un pecado, las primeras, y un delito, las segundas (aunque, ¿qué clase de delito es aquel que no puede ser punible, por motivos obvios, al menos no en la persona que en última instancia es la responsable (el suicida)?
El tema del suicidio fue tratado de forma natural por el epicureísmo y por el estoicismo, cada uno a su manera. El primero, se basaba en la notable idea de no prolongar sufrimientos irremediables innecesariamente.
El fundador de la escuela, Epicuro, fue un digno ejemplo de cómo el epicureísmo no era una filosofía de blandengues y viciosos, sino todo lo contrario, aportando una praxis vital en la que la muerte pierde toda su angustiosa trascendencia. El estoicismo fue todavía más lejos: llegó a ver, en determinadas situaciones, el suicidio como una virtud.
La lista de suicidas de la Antigüedad es extensa: desde una Safo hasta un Séneca o desde un Empédocles hasta un Escipión, desde un Demóstenes hasta un Lucrecio. Por amor, por vergüenza, porque o lo hacía nuestro puñal o la espada del emperador, los motivos eran diversos. En el fondo, sin embargo, compartían un pálpito común: el de disponer libremente de la propia vida.
Porque nadie escoge vivir, a nadie le consultan para arrojarlo a la vida. La vida nos es dada, que diría Ortega, pero no nos es dada hecha. Y aquí radica el problema. Somos libres (en principio) para hacer de nuestra vida lo que queramos (o que nos dejen), incluso para dejar de existir.
Los primeros nihilistas también se sentían fascinados por el tema del suicidio. Léanse algunas obras de los clásicos rusos (Dostoyesvki…). Pero todavía lo hacían desde las coordenadas del ateísmo. Es decir, entendían el suicidio como un desafío al mismo Dios: suicidarse sería el acto de absoluta libertad y, por lo tanto, de absoluta humanidad.
Ahora bien, en un mundo en el que la muerte de Dios es un hecho, en el que cortarse las venas ya no se entiende como la consumación estética de una filosofía de la vida, sino como el último recurso de la desesperación, ¿no aterra el escandaloso número de muertes buscadas, sobre todo en jóvenes? Un dato escalofriante: cada cinco segundos alguien se quita la vida voluntariamente.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Atila murió de la juerga de su noche de bodas


No murió en combate, que hubiera sido lo más lógico, sino de los excesos de su noche de bodas con una princesa goda.
Dicen que donde pasaba Atila, el rey de los hunos, no volvía a crecer el césped. Hombre temible si los hubo. Las crónicas lo retratan como un personaje muy violento, de gran valentía y excelentes dotes para la lucha cuerpo a cuerpo. Cualquier hubiera pensando que habría de morir defendiendo su bandera, montado a su caballo. Sin embargo, Atila encontró la muerte haciendo el amor con su esposa, en las celebraciones de su propia boda.
Murió en el 453. En aquellos tiempos, los nobles y los militares de alto rango se dejaban llevar por todo tipo de excesos durante las fiestas, podían durar meses, incluso un año completo. No faltaba el alcohol ni los banquetes más lujosos. Se comía hasta el límite y las mujeres desfilaban sin cesar, incluso para el recién casado.
Según cuenta el historiador Prisco, el problema de Atila fue una hemorragia nasal que lo atacó mientras hacia el amor con su reciente esposa Ildico, de origen godo. Sus tropas, al descubrir el cuerpo sin vida, se cortaron el pelo y se lastimaron la piel con sus espadas. Aseguraban que al más grande de todos los guerreros no había que llorarlo con lágrimas sino con sangre. Fue enterrado en un triple sarcófago de oro, plata y hierro, junto con parte de sus riquezas. Todos los soldados que participaron en el funeral fueron sacrificados instantáneamente para que nunca se rompa el secreto de dónde descansaban los restos del rey de los hunos.
Otro cronista, el Conde Marcelino, asegura que Atila fue asesinado por su propia mujer. Al parecer, en un momento de descuido le atravesó la cara con una daga. Esta versión se deslizó por distintas obras literarias, pero es rechazada por los especialistas. La tildan de responder a fantasías románticas. La oficial, por el momento, es la de Prisco que fue contemporáneo al guerrero y conocía el trasfondo político de sus campañas.
Increíblemente, la muerte de Atila signó el final del avance de los hunos. Nadie supo continuar con sus conquistas. Su principal enemigo, el Imperio romano de occidente, ya había entrado en decadencia, pero cayó recién en el 476, sucumbió bajo el ataque de distintos pueblos del norte europeo.

El cardigan




A pesar del desastre que supuso para el ejército británico la absurda carga de la batalla de Balaklava, la opinión pública inglesa la tomó como una gran heroicidad, y aún sigue manteniendo ese halo. Seguramente buena parte de esa leyenda se deba al famosísimo poema de Lord Tennyson, ya saben ustedes: “Por el valle de la muerte cabalgan los seiscientos…”
El comandante de aquella brigada ligera era James Thomas Brudenell y, por supuesto, fue tomado como un héroe. Su importancia va más allá de la historia militar y alcanza la historia de la moda. Brudenell compró unos jerséis especiales para sus soldados con cuello tipo Mao (como se conoce ahora este tipo de cuello en el mundo de la moda) para que pudieran llevarlos puestos bajo el uniforme para combatir el frío. De ahí nació otra prenda de vestir que ha llegado hasta nuestros días. James Thomas Brudenell era el 7º Conde de Cardigan, nombre de la prenda.
Como ven ustedes, la batalla de Balaclava más parece un desfile de moda para marcar tendencias que un hecho militar.

martes, 25 de octubre de 2011

Mickey Mouse



El nacimiento de Mickey Mouse, el ratón más famoso de la historia de la animación, ha desatado profundas polémicas. Nadie se pone de acuerdo en si realmente pertenece a Walt Disney o al dibujante Ubbe Iwerks, socio de Disney en sus primeros años. Se han escrito extensos artículos, se han citado fuentes de todo tipo y hasta se han hecho investigaciones legales. La versión más fuerte, actualmente, le otorga la autoría a Iwerks.
La historia comienza en 1927. Disney e Iwerks trabajaban juntos en un garaje produciendo material de animación. El productor cinematográfico Charles B. Mintz le encargó a la dupla un personaje para desarrollar una serie de cortos.
Apareció entonces Oswald, el conejo afortunado, que en un abrir y cerrar de ojos se convirtió en un éxito. Oswald fue creado íntegramente por Iwerks. En 1928, Disney, en un viaje a Nueva York para renegociar el contrato con la productora, se enteró que habían sido víctima de una mala jugada legal; los derechos, de un día para el otro, le pertenecían a Mintz. Fue un golpe duro que llevó a la pequeña empresa a la quiebra.
La situación era económicamente áspera, corría el primer trimestre de 1928, y el equipo creador necesitaba enmendar la pérdida de Oswald. Los dibujantes comenzaron a pensar qué podía hacer para salir del mal momento. Disney, en un rapto de lucidez, le pide a Iwerks que trabaje sobre la figura de un ratón, inspirándose en la imagen del conejo afortunado, que tanto éxito les había significado. Que redondee las orejas y el rostro. Iwerks puso manos a la obra. Así nació Mickey Mouse, quien en principio se llamó Mortimer. Es decir, el dibujo final es de Iwerks, pero la idea es de Disney.
El debut oficial de Mickey fue en noviembre de ese año con Steamboat Willie, un corto con sonido donde el ratón aparece comandando un barco a vapor. El éxito fue descomunal, para 1931 el fan club de Mickey tenía más de un millón de miembros. Fue una verdadera explosión mundial y una revolución en el universo de las animaciones. Actualmente, se lo considera uno de los tres íconos -junto con la botella de coca-cola y la svástica nazi- más significativos del siglo XX.

domingo, 23 de octubre de 2011

La izquierda abertzale se manifiesta en Euskadi de forma multitudinaria




Los manifestantes portaban banderas de Navarra e ikurriñas, y coreaban gritos en favor de la independencia o de la amnistía de los presos.
Otegi, Permach, Cruz Aldasoro y Patxi Urrutia marchan en el grueso.

Vídeos del linchamiento de El Gadafi



No son agradables estas imágenes, pero él se las buscó. Durante muchos años ha tiranizado, encarcelado y torturado a miles de disidentes, y era un dictador despiadado. Yo en estos casos me acuerdo siempre de la frase de aquella estupenda periodista italiana que era Oriana Fallacci, quien dijo que era un honor para los italianos que Mussolini muriera como murió(linchado por el pueblo) y una vergüenza para los españoles que Franco hubiese muerto en la cama. Yo estoy completamente de acuerdo con ella.
Los occidentales cuando ven estas tremendas imágenes se apiadan y escandalizan. Yo les diría que deberían escandalizarse más por las que nos llegan del cuerno de Africa, de esos niños negros que no tienen más que piel y huesos, con los ojos llenos de moscas. Pero un niño negro se parece mucho a otro niño negro, y ya están acostumbrados a verlos.

sábado, 22 de octubre de 2011

La rebeca


Rebeca, como sabrán, es un nombre mujer, de origen hebreo (probablemente) y que corresponde a la primera esposa de Isaac, hijo de Abraham, madre de Jacob y Esaú. Con este nombre de mujer tituló el genial Alfred Hitchcock una película en 1940, basada en la novela del mismo nombre de Daphne du Maurier. Esta película es un clásico actualmente y en su momento se llevó dos Oscar: mejor película y mejor fotografía.
La película Rebeca tuvo un enorme éxito en España. Tal es así, que se acabó denominando con ese término “rebeca” a una prenda de vestir, que ahora se ha vuelto a poner de última moda. La protagonista de la película, salía vestida en la misma con una chaqueta de lana con botones, abierta por delante. Pueden ver la prenda en el fotograma de arriba. A partir de ese momento esas chaquetas comenzaron a denominarse rebecas y el término acabó calando del todo en nuestro lenguaje.
Lo más curioso de todo es que la protagonista, que llevaba la chaqueta, no se llamaba Rebeca, sino que esta era la anterior mujer, fallecida, del actual marido de la protagonista.