pieles no

pieles no
Pieles NO

domingo, 11 de octubre de 2015

Historia de los huevos de Pascua

 
La costumbre de intercambiar huevos de chocolate y de caramelo como obsequios de Pascua data de poco más de un siglo, pero el de huevos de verdad -blancos, coloreados o dorados - en primavera es una costumbre muy antigua, que precede en varios siglos a la Pascua.
Desde tiempos muy remotos, y en muchas culturas, el huevo representaba nacimiento y resurrección. Los egipcios enterraban huevos en sus tumbas  y los griegos los colocaban sobre las sepulturas. Los romanos acuñaron el proverbio "omne vivum ex ovo", es decir, "toda vida procede de un huevo" y la leyenda asegura que Simón el Cireneo , que ayudó a Jesús (Isa) a llevar la cruz hasta el calvario, tenía como oficio vendedor de huevos. (esto da como risa). Por tanto, cuando la Iglesia empezó a celebrar la Pascua de Resurrección, en el siglo II, no tuvo que buscar muy lejos para encontrar un símbolo popular y fácilmente identificable.
En aquel tiempo, las personas adineradas envolvían con pan de oro los huevos que regalaban, , y los campesinos solían colorearlos, hirviéndolos con ciertas hojas, flores o cortezas , o con unos insectos llamados cochinillas. Los antiguos usaban mucho las cochinillas, me parece que para dar el color rojo. Se empleaban las espinacas y los pétalos de anémonas para obtener el verde, el brote velludo de la aulaga o retama para el amarillo, el palo Campeche para el morado intenso.
A principios de la década  de 1880 , en ciertos lugares de Alemania los huevos de Pascua sustituían a los certificados de nacimiento. Una vez teñido un huevo con un color indeleble, se grababa en la cáscara , con una aguja o un punzón, una inscripción que incluía el nombre y la fecha de nacimiento del destinatario. Estos huevos de Pascua eran considerados en los juzgados  como prueba de la identidad y la edad.
En esta época se elaboraron a mano los huevos más valiosos. Obra del genial orfebre Peter Carl Fabergé fueron encargados por el zar Alejandro III de Rusia como obsequio para su esposa, la zarina María Feodorovna. El primer huevo de Fabergé, presentado en 1886, medía 6 com. de longitud y tenía un exterior engañosamente simple, pero dentro de la cáscara de esmalte blanco había una yema de oro que, una vez abierta, había dentro una gallina  también de oro cuyos ojos eran rubíes. La gallina podía abrirse a su vez levantándole el pico y así aparecía una diminuta reproducción en brillantes de la corona real. . Un rubí todavía mas pequeño colgaba de esta corona. Hoy en día, el conjunto de tesoros de  Fabergé (hizo muchos huevos) se valúa en casi quinientos millones de las antiguas pesetas (1 euro= 165 ptas más o menos.). Cuarenta y tres de los 53 huevos de Fabergé se encuentran en museos como el Hermitage,  de Leningrado (Oh, perdón, de San Petersburgo!) o en colecciones particulares. (Ver huevos en el post de arriba, que aquí todo va al revés)
 
INCISO: Quiero hacer éste para tratar del nombre de San Petersburgo. Primero, jamás los rusos han usado el SAN. Nosé a quién le ocurrió, pero Pedro I el Grande, su fundador, le llamó Petersburgo (la ciudad de Pedro). Antes le habían llamado Pietrograd, pero sonaba como muy prusiano y lo dejaron en Pietiersburg. Los bolcheviques lo cambiaron a Leningrado, y ahora vuelve a ser (San) Petersburgo.
 
 
 
 
 

No hay comentarios: