El hombre de virtud superior no tiene virtud,
y por ello precisamente la posee.
El hombre de virtud inferior se aferra a la virtud,
y por ello precisamente carece de ella.
El hombre de virtud superior no actúa,
ni pretende alcanzar fin alguno.
Quien posee alcanzar la rectitud superior actúa,
pero no pretende ancanzar fin alguno.
Quien posee la rectitud superior actúa,
y pretende alcanzar un fin.
Quien se conforma a los ritos actúa
y cuando alguien no corresponde,
extiende sus brazos y le obliga a someterse.
De modo que tras la pérdida del tao aparece la virtud,
tras la pérdida de la virtud aparece la bondad,
tras la pérdida de la bondad aparece la rectitud,
tras la pérdida de la rectitud aparecen los ritos.
Los ritos, pues, suponen un debilitamiento
de la lealtad y la confianza.,
y son el principio del desorden.
Los conocimientos son la superficie del tao
y el principio de la necedad.
Por eso el sabio se mantiene en el fondo
y no en la superficie,
se mantiene en el centro y no en el extremo.
De manera que rehusa lo uno y acepta lo otro.
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