
Si estas cifras de ponen al revés, es el 666, el número diabólico, el número del Anticristo. ¡Algo puede pasar hoy!.
La gente, desde luego, es boba. Cuando llegó el año 1.000 la mayoría se creyó que esa cifra, que significaba el año mil solo para Europa y poco más, significaba el fin del mundo. Los medievales de entonces salieron a las calles, rezando, suicidándose, cantando salmodias estilo "Ultimo Sello" (que por cierto es una de mis pelis preferidas)y haciendo toda clase de boborrochadas. Cuando vieron que no pasaba nada, se volvieron a sus casas con el rabo entre piernas.
Por cierto, las tan poco serias figuras que ilustran este post, son de la Colegiata de San Pedro de Cervatos, en Cantabria. Desde luego, los constructores de catedrales eran una sociedad misteriosa y cerrada. Fueron el origen de los masones. De maçon, en francés, albañil. Eran raros, pues la Iglesia les dejaba carta blanca para hacer lo que les pareciera bien al construír las catedrales. A mí no me cabe en la cabeza que los curas de cuando construyeron la Colegiata, y otras muchas más iglesias y catedrales, no pusiera el grito en el cielo viendo según qué figuritas. Pero los maçons eran muy poderosos, no sé por qué.
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