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Pieles NO

miércoles, 7 de septiembre de 2016

El tributo de las cien doncellas



Santiago Matamoros
 INTRODUCCION 


El tributo de las cien doncellas y la batalla de Clavijo han sido temas de controversia para los historiadores quienes, divididos en dos posiciones, han intentado unos demostrar la veracidad de los acontecimientos adscritos al tributo y al combate, mientras que otros se han esforzado por negar su autenticidad. Así han ocurrido las cosas durante décadas, pero en la actualidad, y sobretodo tras el análisis de las fuentes documentales árabes, la balanza se decanta a favor de quienes rechazan la validez histórica de los hechos tal y como son descritos en las crónicas cristianas medievales. 

La documentación histórica confirma la existencia de escaramuzas militares en el lugar y el momento en los que las crónicas intentan cifrar la batalla entre Ramiro I y las exiguas tropas cristianas contra el inmenso ejército sarraceno, y en la que el héroe cristiano obtuvo la victoria gracias a la decisiva ayuda prestada por el apóstol Santiago. Ello concluyó en la anulación del tributo. Las crónicas medievales sitúan los acontecimientos en los alrededores de la entonces ciudad mora de Albelda, en la riojana cuenca del Bajo Iregua, y a mediados del siglo IX (1). 

Es muy probable que la relación de hechos se basara en acontecimientos posteriores, ocurridos en la batalla de Simancas un siglo después, en el año 939, en la que Ramiro II de León, García Sánchez de Navarra y Fernán González, derrotaron a Abderramán III, y que fueran apañados por el monje Pedro Marcio y utilizados políticamente en beneficio del reinó leonés (2). Más adelante retomaremos este asunto. 

Lo que a nosotros nos interesa en este momento no es la veracidad de unos hechos militares y políticos medievales, la envergadura que tuvieron y el empleo que se les dio posteriormente, sino el trasfondo mítico, la leyenda que surge en torno a la figura de Ramiro I y Santiago, que se une íntimamente al tema, por demás mítico, del tributo de las doncellas y su anulación. La utilización de discretos acontecimientos históricos y de sus protagonistas para, tras un proceso de mitificación, convertirlos en "héroes nacionales" es uno de los procesos más socorridos para la creación de muchos temas mitológicos que perduran siglos y siglos en el folklore. Se trata de un proceso de "sacralización" en el que se ven inmersos hechos y personas, un trasvase de la historia al mundo del mito (3). El combate en los alrededores de Albelda es, en mi opinión, uno de esos ejemplos de utilización de un evento histórico, al parecer de escasa altura, para la creación de un mito. 

LA LEYENDA 

"Desde el año 783, hasta el de 788, con auxilio de los Moros, y pactos infames, ocupo el Reyno de Oviedo, y Leon Mauregato, hijo bastardo en todo del Rey D. Alonfo Primero, y de una Mora esclava suya. Entre las condiciones del pacto, fue una que Mauregato avia de pagar cada año en feudo, un tributo nefando de cien doncellas de sus estados Catholicos: de las quales, las cincuenta avian de ser Nobles, y las demas del estado general. Corrió el tributo infame algunos años, y con obligacion de llebarle hasta la raya, y confines del Reyno, donde se hazia la entrega. Mucho se ofendió Dios deste pecado, y lo mostró con varios sucessos, y milagrosos acaecimientos, que refieren nuestras Historias. Bramaban los Christianos sobre este feudo, especialmente los Nobles, que no saben sufrir infamias. Y de aqui resulto, el que varios Cavalleros esforÇados, les quitaron de las manos el tributo algunas veces; y aun huvo ocasion, en que defendieron a las inocentes doncellas, los toros de una bacada, jugando contra los Moros sus puntas, y despedazandolos" (4). 

En estos términos describía a comienzos del siglo XVIII Mateo de Anguiano el tributo de las cien doncellas, instaurado por el oscuro rey Mauregato. El pago por mantener su reino independiente y en paz con los árabes era el de cien muchachas vírgenes, de las cuales la mitad debían ser humildes, y las otras de noble cuna. El relato, inspirado en fuentes anteriores, refiere que el tributo se había llevado a término durante varios años, y es catalogado como "infame" a los ojos de los hombres, y "pecado" a los de Dios. Por lo demás, Mauregato es dibujado como un rey nefasto, y en otros documentos referidos a la época es tildado de monarca "tirano" y traidor para la cristiandad (5). 

La narración del origen del tributo de las cien doncellas va íntimamente unida al relato de la batalla de Clavijo, pues la victoria cristiana en ella supone la anulación del tributo, entre algunas conclusiones más. De las diferentes versiones que existen del mismo, vamos a utilizar la realizada por J. González de Tejada en el año 1701, literariamente muy rica e inspirada en informes anteriores (6). El texto está impregnado de un barniz apocalíptico y relata los motivos de la aproximación del rey Ramiro I a La Rioja, la visita en sueños del apóstol Santiago y el transcurso de la batalla. A ello se unen algunas conclusiones que se originan en la derrota árabe. Este es el resumen de la larga descripción: Ramiro I, monarca asturiano, parte de la corte hacia Castilla la Vieja con intención de contraer matrimonio en segundas nupcias tras el fallecimiento de su primera esposa. Con ocasión del viaje real, los pares de su reino se levantan en armas e intentan destronarlo. Abderramán II tiene noticia del suceso y traza un plan para romper el pacto con el monarca asturiano reclamándole el pago del tributo de las cien doncellas. 

Ante la negativa de Ramiro, Abderramán prepara un numerosísimo ejército, para lo que hace venir de Africa un gran contingente humano. El monarca intenta organizar sus tropas y nombra general a un militar gallego llamado Osorio, y maestre de campo al camerano Sancho Fernández Tejada. 

Entró Ramiro en La Rioja y ganó a los moros la plaza de Nájera, continuando después camino de Albelda, ciudad importante del califato, en donde Abderramán se encontraba esperando para iniciar la batalla. La desigualdad de fuerzas era enorme, pues los árabes contaban con más de diez hombres por cada cristiano. 

Levantado el campamento cristiano en las laderas del monte Laturce la víspera del combate, esa noche el rey Ramiro recibió la visita en sueños del apóstol Santiago, quien le habló con estas palabras: "Yo soy el Bienaventurado Apostol de Dios Santiago. Por ventura no sabes que mi Señor Jesu Chritto, quando repartió las otras partes del Mundo a los otros Apostoles mis hermanos, a mi me dio en guarda a toda España, y la puso debaxo de mi proteccion, y amparo?.. EsfuerÇate, y ten mucha contianÇa, que ciertamente yo sere en tu ayuda, y a la mañana con el poder de Dios, venceras la innumerable multitud de los Moros, que te tienen cercado. Y porque sobre esto no aya duda, vosotros, y los Moros me vereis manifiestamente en un Cavallo blanco, de blanca y grande fermosura, y tendre un Pendon blanco, y muy grande. Por tanto, en amaneciendo, confessareis todos, y recibireis penitencia, y despues de celebradas las Missas, y recibida la Comunion del Cuerpo, y Sangre del Señor, armada vuestra campaña, no dudeis de acometer a las hazes de los Moros, que los Moros caeran por punta de espada" (7). 

Siguiendo las instrucciones dadas por el apóstol, los cristianos iniciaron la batalla cogiendo desprevenidos a los árabes, quienes prontamente reaccionaron. Pero, en ese momento se abrieron los cielos y surgió la figura de Santiago en túnica blanca con cruz roja al pecho, espada en mano y montado sobre un blanco corcel, que acometió contra los enemigos desbaratando sus filas y matando a muchos: "...cortava cabeÇas de Moros, como suele la hoz derribar espigas en el Estio..." (8). 

Animados por la contundente presencia del apóstol, los cristianos continuaron la batalla persiguiendo a los árabes hasta la villa riojana de Jubera, en donde Santiago regresó a los cielos desde una peña en la que dejó las huellas del caballo. 

Ramiro tomó la ciudad de Albelda, e hizo un voto según el cual tanto él como sus vasallos debían ceder, a perpetuidad y anualmente, a la Iglesia de Santiago en Galicia una medida de trigo cada labrador, y una de vino cada cosechero. Además, se anulaba el ominoso tributo de las doncellas, se instauraba la Orden de Caballería de Santiago y se fundaba el noble solar camerano de Valdeosera. Todo esto ocurrió a comienzos del mes de mayo del año 844. 

Los tres elementos esenciales en los que se cifra el relato de la batalla de Clavijo, a saber, la desigualdad de fuerzas entre el bien y el mal en detrimento del primero, la visita en sueños del delegado de la divinidad que anuncia la victoria, y la conclusión de la batalla en la que aparece la mano armada divina a favor del bien, confieren a este episodio una estructura que es observable en un buen número de leyendas medievales europeas, e incluso en temas míticos muy anteriores. 

El devenir del tributo, desde su instauración hasta su final, se desarrolla mediante la unión de los dos pasajes que hemos descrito, comenzando en Mauregato y el pacto, y concluyendo en la victoria de Ramiro I sobre los moros. La narración suma de ambos momentos presenta una estructura formal que puede ser cifrada en los siguientes seis elementos: 

1.Ante el poderío militar árabe y su empuje, el rey Mauregato firma un pacto que le va a permitir mantener su independencia. 

2.El pacto consiste en el pago anual de un grupo de cien doncellas, mitad humildes y mitad nobles. 

3.Los cristianos efectúan el pago del tributo durante algunos años. 

4.Se muestra en escena la figura del héroe cristiano, el rey Ramiro I. 

5.El héroe es ayudado por la propia deidad y entran en combate derrotando a los moros. 

6.La victoria cristiana trae como consecuencia la conclusión del tributo. 

La figura del monarca Ramiro I se ve inmersa en un proceso de transformación heroizante, se convierte en un héroe cristiano, representante del bien, que va a encabezar el combate contra el mal para derrotarlo expulsándolo del suelo cristiano. Motivos como éste han sido frecuentes en el pasado y abundan en el corpus folklórico de casi todas las tradiciones europeas, por lo menos. La vida de este rey asturiano no fue especialmente carismática. No llegó a completar una década como gobernante de su reino, y en su corto reinado no se dieron acontecimientos de relevancia. Sin embargo, esta metamorfosis hacia lo mítico, hacia lo sagrado de su persona ha hecho que no cayera en el olvido. 

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