
Un Viernes Santo, el poeta Piron, que decía de sí mismo que no era nada, ni siquiera académico, andaba por la calle completamente borracho y dando traspies. Un amigo le dijo:
-¿Y no os da verguenza dar ese espectáculo en un día como éste?
-No, pues no es extraño que el día en que la Divinidad sucumbe, la humanidad se tambalee.
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El poeta francés Desbarreaux, homble incrédulo, estaba un Viernes Santo comiendo una tortilla hecha con grasa de cerdo. En esto estalló una tempestad con cantidad de rayos y truenos.
-¡Vaya, cuanto ruído hacen allá arriba por una tortilla de nada!
Y la tiró por la ventana. Lo cual quiere decir que no era tan incrédulo como decía.
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