
Estas drogas fueron producidas por primera ven en Alemania en 1930.Su estructura química intentaba asemejarse a la adrenalina, el poderoso estimulante segregado por el propio cuerpo humano. Hoy en día, con nombres como benzedrina y dexedrina, entre otros muchos, representan un mercado farmacéutico que mueve millones de dólares.
Las anfetas se descubrieron en un intento de aumentar los efectos de la adrenalina: Producen cierta euforia, aumentan la capacidad para mantenerse despierto durante largos períodos y reducen las ganas de comer al calmar los músculos del aparato digestivo. Durante muchos años sustituyeron a la cafeína como ingrediente en los tipos de dieta más populares. Si bien su papel en la pérdida de peso ha disminuido notablemente, se mantienen en el tratamiento de la hiperactividad en los niños y para corregir ciertos trastornos del sueño, como la narcolepsia.
En los años 30, las anfetaminas solo existían en forma líquida y eran utilizadas médicamente como inhalantes para aliviar los espasmos bronquiales y la congestión nasal. Como se vendían libremente, se hizo un notable abuso de ellas a causa de sus efectos estimulantes , y cuando se fabricaron en tabletas, el uso y el abuso se multiplicaron. Durante la II Guerra Mundial estas pastillas se daban con liberalidad a los soldados y se recetaban sin problema a los civiles, en cantidades bárbaras e irresponsables.
Hacia 1960 los médicos reconocieron que las anfetaminas tenían riesgos de adicción.Se identificó un estado conocido como psicosis anfetamínica, muy semejante a la esquizofrenia paranoide, y al finalizar esta década la legislación restringió su uso. Hoy en día, toda anfetamina que se encuentre en el botiquín de una casa particular, o ha sido despachada con receta o conseguida ilegalmente.
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