pieles no

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Pieles NO

miércoles, 23 de enero de 2019

Manifiesto animalista

Corine Pelluchon  

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Fragmento

1
Lo que está en juego en el maltrato animal


Nuestra relación con los animales es un espejo que nos muestra en qué nos hemos convertido con el paso de los tiempos. En el espejo no solo aparecen los horrores cometidos por nuestra especie al explotar a otros seres sensibles, sino el rostro macilento de una humanidad que está perdiendo su alma.
Las jaulas donde se encierra a miles de conejos, gallinas, patos, cerdos, zorros y visones, ratones y monos, perros y gatos para producir carne, ser despiezados o servir de material de experimentación, los delfinarios y circos donde a los cetáceos, los elefantes y las fieras, abatidos por la privación de libertad, se los obliga a exhibirse a cambio de un poco de comida o por miedo al látigo, son el vivo retrato de nuestra vergüenza común. Ninguna descripción puede plasmar su tristeza infinita. Las carreteras donde todos los años, en Francia, cerca de cien mil animales de compañía son abandonados, los refugios superpoblados, las lejanas selvas, pulmón de la Tierra y hogar de los orangutanes, incendiadas para producir aceite de palma, los mares donde agonizan los peces, las plazas donde se tortura a los toros, los mataderos donde casi todos los animales acaban su vida aterrorizados –hasta los recién nacidos, las crías de las vacas, las ovejas y las cabras–, todos ellos son lugares donde reina la desdicha y la injusticia.
En estas prácticas, organizadas a pesar del buen sentido que debería dictar límites a nuestro uso de los seres vivos, impera la ley del máximo beneficio. A él se someten los humanos, los animales, la calidad del trabajo y el medio ambiente. Las normas de una economía de mercado globalizada que exige la reducción constante de los costes de producción se han impuesto en todas partes.
La violencia que sufren hoy los animales en el comercio de las pieles y del cuero, la piscicultura, la industria de la carne, el entretenimiento, la cosmética y la farmacia ilustra las aberraciones de un sistema que, a grandes rasgos, podemos llamar capitalismo.
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Así empieza el ensayo de Corinne Peluchon, catedrática en la Universidad de París.

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