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Pieles NO

domingo, 27 de octubre de 2013

Mariano Viñuales, un comunista pata negra






28.05.2009He coincidido infinidad de veces con este hombre. En actos diversos cuyo denominador común es la reivindicación de la historia y valores republicanos, y el orgullo de ser trabajador. Charlas acerca de nuestra reciente pasado, actos de recuerdo y homenaje a las Repúblicas Españolas (I y II) y a su extensa colección de mártires, manifestaciones de carácter sindical ..., en todo lo que puede ahí está este muchacho de noventa años ya cumplidos, atrayendo de manera casi hipnótica objetivos fotográficos que estiman su presencia y apostura como un símbolo, como un icono vivo que se mantiene firme.
Y llevaba tiempo deseando mantener una charla con este amigo.
La ocasión se produce tras un encuentro casual en la Plaza de Navarra y una cita posterior para tomar un café (Mariano continúa , con moderación, tomando de todo) y la entrega de unas fotos.
 




"Nací el 19 de Febrero de 1919, en Huerto; éramos campesinos, mis padres y mi hermano. A los 17 años ingresé en el Radio Comunista Comarcal siguiendo la tónica general del pueblo, si bien hasta entonces lo que fundamentalmente nos sentíamos era republicanos (nos llegaban los ecos de la Sublevación de Jaca, a pesar de nuestra corta edad). En Huerto había gente implicada en el asunto de Galán, que formaron la UGT de la Tierra y los ferroviarios el Radio Comarcal Comunista, que éramos cerca de sesenta personas al principio de la guerra.

Cuando estalló el movimiento, tuve que ir a visitarme porque llevaba una primavera muy mala y tenía cinco mulas para mí sólo. Cuando se declaró la Huelga General, el 19 de Julio, estaba yo acostado en el granero y muy delicado de salud. Me avisaron que habían sido desarmados los guardia civiles de los montes de los alrededores (les quitaron las tercerolas, que decíamos), pero yo ya no pude volver a trabajar por mi estado. Participé, como pude, levantando barricadas en el pueblo y, gracias a una caja de inyecciones que me trajo el comité del pueblo, pude sobrevivir y no acabar como mi primo que falleció de un enfriamiento , que le pilló una pedregada cuando llevaba una tartana."


Mariano es un portento de memoria. No menciona fechas aproximadas, sino que las especifica con precisión; y, si de alguna no se acuerda, te lo dice y en paz. Eso sí, cuesta llevar la conversación de una manera lineal porque cada pregunta que se le hace destapa en nuestro interlocutor un vendaval de recuerdos y, dejando de lado respuestas concretas, retrocede en el tiempo para explicar un porqué, avanza para adelantar una consecuencia y, en suma, descoloca al interrogador que, en su cortedad, debe repreguntar para seguir la trama exacta. Uno se queda escuchándolo embobado temiendo, eso sí, si será capaz de plasmar en unas líneas de texto esa marea de experiencias y vida que Mariano te ofrece.

" Para Octubre, me voy a la Sierra de Alcubierre, a la zona de Torralba a participar en la construcción de una carretera que iba al frente. Estuve allí hasta que me incorporé a la 32 División, mandada por Salcedo, (32 División 137 Brigada Mixta IV Batallón XI Cuerpo del Ejército, precisa Mariano) en la que entré como soldado; combatimos en Alcubierre hasta la primera vez que nos retiramos. En la posición San Simón cayó una bandera de falangistas ;recuerdo también el parapeto de El Negus y el de La Pasionaria, e incluso uno que llamaban el Pancho Villa.
Nos retiramos por Barbastro y El Grado, volando los puentes para retrasar el avance enemigo. Nos ordenaron acercarnos a Graus y, de ahí, tras órdenes y contraórdenes, nos encaminamos a Benasque pero, al iniciar la marcha, hubo una desbandada provocada por un ataque aéreo. Terminamos la retirada en Bagneres de Luchon."


Cuenta Mariano pormenorizadamente los lugares donde durmieron, los compañeros que se iban quedando en el camino sin ánimo para seguir, la mujer que parió en una borda cerca de Benasque, la dureza del paso del puerto a primeros de Abril, la infantil manera de bajar la pendiente francesa dejándose arrastrar de culo, el hombre con prótesis y muletas avanzando penosamente entre la nieve rescatado por el Socorro Rojo Internacional, el despeñamiento del burro y los sudores de la mula ...

"Casi inmediatamente, tomamos el tren a Port Bou y, de ahí, a Barcelona, a indagar donde estaban nuestras fuerzas y a reorganizarnos en las cercanías de Tremp donde, nuevamente, volvemos a tomar contacto con el enemigo. Iniciamos una ofensiva por la parte de Balaguer tratando de romper el avance franquista hacia Bielsa, pero no fue posible; posiblemente por la acción de la Quinta Columna que tuvimos que sufrir.
El 1 de Octubre del 38 me hirieron en el Ebro y me evacuaron a Reus, y, de ahí a Montjuich donde estaba el Hospital Militar nº 11, en la zona donde ahora está el campo de fútbol del Español. Me dieron ocho días de permiso por convalecencia en Monserrat, pero no los acepté y solicité el pase para la inmediata incorporación a mi fuerza. Me encontré con la sorpresa de encontrarme con que la mayoría de mis compañeros habían muerto en combate.
Cuando la guerra ya está perdida y se inicia la retirada final, pasé la frontera por la zona de Camprodón y Prat de Molló. "


Inicia Mariano la narración de su estancia en Francia. La derrota, la entrega de las armas, la conducción a campos de concentración, el dormir a la intemperie en campos nevados, el cartel de indicador direcciones (por aquí, a Franco; por allá, a Negrín) ... Sigue contando el traslado a Septfonds, la lluvia constante, las alambradas, el sentirse como animales enjaulados que son fotografiados por la gente bien francesa, las diarreas, la enfermedad.

" El 19 de Julio de 1939, se forma en Septfonds una compañía de trabajadores para ir a arrancar una arboleda a las ordenes de un jaqués nacionalizado francés, que es quien me recomienda para trabajar fuera del campo. El 9 Marzo del 43, cerca de Montauban se creó una oficina del Grupo de Trabajadores Extranjeros para controlarnos y, antes que me llevaran los alemanes a trabajar para ellos, escapé y me incorporé a la resistencia en Burdeos"

Relata el mal trago que sufrió en un tren, el expreso Burdeos - Hendaya, donde los nazis le arrebatan la documentación y el billete tras pedírsela tan sólo a él. Mariano lleva documentación comprometedora oculta, pegada a su piel. Está retenido en el pasillo del tren, en espera de la próxima parada en la que será entregado a la policía alemana que controla las estaciones; su futuro parece todo, menos prometedor. En un momento dado, pega un salto y escapa a fuerza de piernas y buena suerte.
Y todo esto lo cuenta con asombrosa serenidad; ahora bien, de vez en cuando, se le escapa una orgullosa timida sonrisa de quien recuerda las veces que burló un destino fatal. Una sonrisa que provoca la empatía de quien lo escucha.

"El 12 de Octubre de 1944 vuelvo por Canfranc a España, con las armas que conservé de la resistencia francesa, organizado en la Brigada B; éramos unos doscientos. Veníamos con el objetivo de organizar el maquis; sabía que no sería tan fácil como en Francia, porque había una diferencia clara: en Francia había una invasión extranjera.
Caigo el 18 de Noviembre de 1944, en Huerto, posiblemente por un chivatazo. Estábamos cansados, malnutridos, enfermos ... Me detuvo la Guardia Civil y me llevan a Sesa; desde allá me trasladan a la cárcel que estaba en esta misma plaza en la que nos encontramos y , posteriormente, me llevan a Zaragoza donde permanezco meses incomunicado.
En Consejo de Guerra me sentencian a doce años y un día; acabo cumpliendo pena en San Miguel de los Reyes, en Valencia. Allá pretendieron, en el 46, que accedieramos a ponernos un uniforme de penados y que firmáramos una declaración en la reconocíamos ser poco menos que bandidos; nos negamos. Se veían los guardias obligados a desnudarnos y vestirnos a la fuerza (hubo quien rompió varios pares de pantalones). Conseguimos mantener la dignidad. "


El 18 de Julio de 1950, Mariano Viñuales recobra la libertad; volvió al pueblo, a Huerto, y mantuvo durante la noche oscura la esperanza, la militancia y la confianza en un futuro diferente. Se dedicó a la agricultura y a no perder los contactos con las gentes del partido. Se casó, trabajó en la construcción de acequias, cooperó en mantener viva la llama...
Un cuarto de siglo de clandestinidad.

No damos la conversación por terminada. Estamos en el año 1975, pero aún queda por repasar, con los ojos de Mariano, la peripecia de nuestro país tras la muerte del dictador. Recordar sucesos como Atocha, la legalización del PC, Carrillo empelucado, las elecciones, la imposición monárquica... Queda por conocer la opinión personal de este ejemplo de coherencia acerca de personajes públicos que poblaron nuestra historia reciente.
Será pronto. Ya lo estoy deseando.
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Mariano está muerto. Murió a los 94 años, en esta "democracia" que padecemos después del franquismo, y que nunca le gustó nada. Le parecía una estafa. A mí también siempre me lo pareció, aunque quede como una vanidosa que se da  pisto a toro pasado. Pero es verdad. Yo a la Constitución no la voté, porque la leí y no me gustó nada. Quedé muy frustrada, la verdad. Menos mal que ahora, con el resurgir de la memoria histórica, parece que empieza a hacerse un poco de justicia, pero ha tardado demasiado, y los fachas se han cargado a  juez Garzón, quien empezó a remover esto. Los crímenes nunca prescriben.
Parece mentira que hayan pasado más de 70 años desde la guerra de España. Como la transición se hizo tan mal,porque los fachas temían represalias, todavía ahora hay madres que buscan a sus hijos, secuertrados por monjas en los hospitales donde daban a luz y luego los entregaban a matrimonios "catolicos", para que fueran bien educados en la religión del Estado. A sus madres les decían que habían nacido muertos, pero no eran tontas y no se lo creían. Siempre les enseñaban el mismo niño muerto, y cuando ya apestaba lo sustituían por otro...
 



Sartre y Simone de Beauvoir estuvieron en España durante la guerra, para ver qué pasaba aquí. A ella las canciones le emocionaban profundamente.

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